En un momento en que el orden global se reconfigura, Canadá contempla un giro histórico hacia Europa: la invitación de la Unión Europea para otorgarle el estatus de miembro asociado llega como respuesta a dos años de tensiones con Washington y a un profundo cambio en el sentimiento colectivo canadiense. No se trata solo de geopolítica, sino de una pregunta más antigua sobre identidad y pertenencia: ¿con quién comparte Canadá sus valores más profundos? La cumbre de Montreal en octubre será el escenario donde esa pregunta comience a encontrar forma concreta.