Cada otoño, California repite un ritual colectivo heredado de decisiones federales de hace décadas: atrasar los relojes una hora al amanecer del primer domingo de noviembre. En 2026, ese momento llegará el 1 de noviembre, pero por primera vez en mucho tiempo, el gesto carga el peso de una pregunta genuina: ¿será el último? Entre una proposición estatal aprobada en 2018 y una ley federal que avanza en el Congreso, el futuro del tiempo medido en California está, paradójicamente, suspendido en el aire.