Calentamiento y falta de oxígeno: cómo Stanford desentraña la mayor extinción marina

Cuando la temperatura sube, sus necesidades aumentan mucho más rápido
Explicación de por qué los braquiópodos no pudieron sobrevivir al calentamiento oceánico del Pérmico-Triásico.

Hace 252 millones de años, los océanos de la Tierra atravesaron su mayor cataclismo: el 96 por ciento de la vida marina se extinguió en lo que los científicos llaman la Gran Mortandad. Un equipo de Stanford ha revelado ahora que no fue el azar sino la biología lo que decidió quién sobrevivió — aquellos organismos capaces de adaptarse al calor y a la escasez de oxígeno heredaron el mar. El hallazgo no es solo una lección del pasado remoto; es un espejo que refleja los océanos que estamos construyendo hoy.

  • El calentamiento de entre 8 y 12°C y la anoxia marina actuaron como una trampa mortal para el 96% de las especies oceánicas del Pérmico-Triásico, borrando grupos enteros que habían dominado los mares durante millones de años.
  • Los braquiópodos y crinoideos, criaturas de metabolismo lento que prosperaban en aguas pobres en oxígeno, colapsaron cuando el calor aceleró sus necesidades metabólicas justo cuando el océano perdía el oxígeno que necesitaban.
  • Los moluscos y peces, con mayor capacidad muscular y branquial, pudieron sostener su demanda de oxígeno bajo estrés térmico, lo que los convirtió en los herederos de un océano reconfigurado para siempre.
  • Investigadores de Stanford publicaron en PNAS evidencia experimental inédita que por primera vez vincula directamente la fisiología de los organismos con su destino durante la extinción masiva más devastadora de la historia.
  • Con proyecciones de calentamiento de 1,5 a 4°C para el siglo XXI, los científicos advierten que los océanos actuales enfrentan una presión análoga — y que la ventana para actuar sigue abierta, pero se estrecha.

Hace 252 millones de años, los océanos de la Tierra sufrieron un colapso sin precedentes: el 96 por ciento de la vida marina desapareció. Lo que desconcertó a los científicos durante décadas no fue solo la magnitud de la catástrofe, sino su selectividad. Los braquiópodos y los lirios de mar, que habían dominado los fondos marinos durante eras, casi desaparecieron por completo. Los moluscos y los peces, en cambio, sobrevivieron e incluso prosperaron. ¿Por qué unos murieron y otros vivieron?

Un equipo de la Universidad de Stanford acaba de responder esa pregunta con evidencia experimental publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences. Los culpables fueron dos: el calentamiento extremo del agua y la desaparición del oxígeno disuelto, ambos desencadenados por erupciones volcánicas masivas. La trampa fue fisiológica: los braquiópodos toleraban bien las aguas pobres en oxígeno, pero cuando la temperatura subió, su metabolismo se disparó y de repente necesitaban mucho más oxígeno precisamente cuando el océano lo estaba perdiendo. No pudieron mantener el ritmo.

José Andrés Márquez, autor principal del estudio, lo ilustró con una imagen cotidiana: preguntarse por qué hoy encontramos conchas de almejas en las playas y no de braquiópodos es preguntarse por qué un grupo entero de animales fue reemplazado por otro. Antes de la Gran Mortandad, los braquiópodos superaban en número a los bivalvos; hoy existen unas 400 especies de braquiópodos frente a entre 10.000 y 15.000 de bivalvos. Es una transformación tan radical como la extinción de los dinosaurios y el ascenso de los mamíferos.

Lo que hace el hallazgo especialmente urgente es su resonancia con el presente. Durante la Gran Mortandad, los océanos se calentaron entre 8 y 12 grados Celsius. Los modelos climáticos para el siglo XXI proyectan aumentos de entre 1,5 y 4 grados. Erik Anders Sperling, autor senior del trabajo, fue directo: estamos en camino de alcanzar niveles comparables al peor escenario del Pérmico-Triásico. Pero también fue claro en su esperanza: aún hay tiempo de cambiar las cosas.

Hace 252 millones de años, los océanos de la Tierra experimentaron un colapso sin precedentes. El 96 por ciento de la vida marina desapareció. El 70 por ciento de los animales terrestres se extinguió. Los científicos llamaron a este momento la Gran Mortandad, y durante décadas no supieron exactamente qué lo causó ni por qué algunas criaturas sobrevivieron mientras otras fueron borradas del registro fósil.

Lo que hace este evento particularmente desconcertante es que no mató a todos por igual. Los braquiópodos, animales del fondo marino que habían dominado los océanos durante millones de años, casi desaparecieron. Los lirios de mar sufrieron un destino similar. Pero los moluscos, los peces y ciertos equinodermos persistieron. Algunos incluso prosperaron. La pregunta que obsesionó a los paleontólogos fue simple pero profunda: ¿por qué unos murieron y otros vivieron?

Un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford acaba de proporcionar una respuesta. Publicaron su trabajo en Proceedings of the National Academy of Sciences con evidencia experimental que nunca antes se había reunido de esta manera. El culpable no fue uno sino dos: el calentamiento extremo del agua y la desaparición del oxígeno disuelto en los océanos. Ambas condiciones fueron desencadenadas por erupciones volcánicas masivas y enormes liberaciones de gases de efecto invernadero que alteraron la atmósfera y los mares del planeta.

La clave está en cómo diferentes organismos responden al estrés. Durante el Paleozoico, los océanos estaban poblados principalmente por criaturas de metabolismo lento. Los braquiópodos eran filtradores casi inmóviles que vivían en el fondo. Los crinoideos, o lirios de mar, funcionaban de manera similar. Estos animales podían tolerar aguas pobres en oxígeno, un rasgo que les permitió prosperar durante millones de años. Pero tenían una debilidad fatal: cuando la temperatura subía, su metabolismo se aceleraba dramáticamente. De repente necesitaban mucho más oxígeno, precisamente cuando el océano estaba perdiendo el que tenía.

José Andrés Márquez, el autor principal del estudio, lo expresó de manera directa: preguntarse por qué en las playas modernas encontramos conchas de almejas y caracoles pero no de braquiópodos es preguntarse por qué un grupo entero de animales fue reemplazado por otro. Los experimentos de laboratorio y campo mostraron que los organismos que sobrevivieron tenían mayor capacidad muscular y branquial. Podían aumentar su consumo de oxígeno cuando lo necesitaban. Los braquiópodos no podían. Cuando el calor llegó, simplemente no pudieron mantener el ritmo.

Erik Anders Sperling, profesor de ciencias planetarias y autor senior del trabajo, señaló que antes de la Gran Mortandad los braquiópodos superaban en número a los bivalvos. Hoy existen alrededor de 400 especies de braquiópodos en el planeta. Los bivalvos, en cambio, suman entre 10.000 y 15.000 especies. Es un cambio tan radical que los científicos lo comparan con la extinción de los dinosaurios y el ascenso de los mamíferos hace 66 millones de años. La composición de la vida oceánica fue reescrita de manera irreversible.

Lo que hace este descubrimiento particularmente inquietante es lo que sugiere sobre el presente. Durante la Gran Mortandad, las temperaturas oceánicas subieron entre 8 y 12 grados Celsius. Los modelos climáticos para el siglo XXI proyectan aumentos globales de entre 1,5 y 4 grados. Sperling fue claro en su advertencia: estamos en camino de alcanzar niveles de calentamiento comparables al peor escenario del Pérmico-Triásico. Pero también fue claro en su esperanza: aún hay tiempo de cambiar las cosas. Los investigadores continuarán estudiando otros grupos marinos para entender mejor cómo el calentamiento, la pérdida de oxígeno y la acidificación trabajarán juntos en los océanos del futuro, factores que, advierten, se volverán cada vez más presentes.

Con este estudio, esencialmente quisimos resolver el misterio de por qué, cuando uno va a la playa, encuentra conchas de almejas y caracoles, y no de braquiópodos
— José Andrés Márquez, autor principal del estudio de Stanford
Estamos en camino de alcanzar niveles de calentamiento comparables al peor de los escenarios del Pérmico-Triásico, pero aún estamos a tiempo de cambiar las cosas
— Erik Anders Sperling, profesor de ciencias planetarias
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué los braquiópodos no pudieron adaptarse si habían sobrevivido durante millones de años?

Model

Porque la adaptación requiere tiempo evolutivo, y lo que sucedió fue demasiado rápido y demasiado severo. Podían tolerar aguas pobres en oxígeno, pero cuando la temperatura subió entre 8 y 12 grados, su metabolismo se disparó. De repente necesitaban oxígeno que ya no estaba disponible. No fue un cambio gradual; fue un colapso.

Inventor

¿Qué tenían de diferente los animales que sobrevivieron?

Model

Tenían mayor capacidad muscular y branquial. Podían aumentar su consumo de oxígeno cuando lo necesitaban. Los moluscos y peces modernos tienen esa flexibilidad metabólica. Los braquiópodos no. Eran especialistas en un mundo que ya no existía.

Inventor

¿Entonces el oxígeno fue más importante que la temperatura?

Model

No, fueron ambos trabajando juntos. La temperatura aumentó el metabolismo, lo que aumentó la demanda de oxígeno. Pero sin el oxígeno disponible, los animales de metabolismo lento no podían satisfacer esa demanda. Fue una trampa perfecta.

Inventor

¿Qué significa esto para nosotros ahora?

Model

Que estamos creando condiciones similares en nuestros océanos. Calentamiento, pérdida de oxígeno, acidificación. Los científicos dicen que aún hay tiempo para cambiar el curso, pero el reloj está corriendo.

Inventor

¿Hay algo que nos dé esperanza en este estudio?

Model

Sí. Que ahora entendemos exactamente qué causó la mayor extinción de la historia. Eso nos permite reconocer las señales de advertencia en tiempo real y actuar antes de que sea demasiado tarde.

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