En las madrugadas del 10 y 11 de septiembre, el cielo sobre la Península Ibérica y el Mediterráneo se convirtió en escenario de tres fenómenos luminosos de naturaleza excepcional, todos ellos registrados desde el Observatorio de Calar Alto en Almería. Dos fragmentos de cometas cruzaron la atmósfera a velocidades que desafían la intuición humana, mientras una tormenta cercana desencadenó uno de los eventos eléctricos más fugaces que la ciencia conoce. En la intersección entre lo cósmico y lo atmosférico, la Tierra recordó que sigue siendo un lugar donde el universo se hace visible.