En La Habana, el sonido de las cacerolas ha roto el silencio de una noche sin luz: cubanos de a pie y estudiantes universitarios han salido a expresar, con gestos inusuales y cargados de riesgo, su agotamiento ante una crisis energética que ya no permite vivir con normalidad. La escasez de combustible —agravada por la interrupción de suministros venezolanos y mexicanos y por la presión activa de la administración Trump— ha convertido los apagones de horas en apagones de días, reorganizando la vida entera de millones de personas alrededor de la ausencia de electricidad. En una isla donde el des
Cacerolazos y protestas estudiantiles emergen en La Habana por crisis energética
Cuando la electricidad regresa, la gente se despierta corriendo
¿Por qué los cacerolazos importan? Es un sonido, nada más.
En Cuba, un sonido es un acto político. Las protestas públicas son raras, arriesgadas. Cuando la gente sale a la calle golpeando ollas, está diciendo algo que no puede decir de otra manera.
¿Y los estudiantes? ¿Qué los llevó a protestar?
No es solo la falta de luz. Es que la crisis les está robando el futuro. Sin electricidad no pueden estudiar. Internet es demasiado caro. Y nadie les responde. Cuando te sientas en una escalinata en La Habana, sabes que podrías ser expulsado.
¿Expulsado por protestar?
Sí. Las sanciones disciplinarias son reales. Pero estos estudiantes decidieron que el riesgo valía la pena.
¿Cuánto tiempo llevan sin electricidad?
Apagones que duraban horas ahora duran días. Cuando regresa la luz, a menudo es a las tres de la mañana. La gente se despierta corriendo para cocinar antes de que se vaya de nuevo.
¿Y Trump qué tiene que ver?
Tiene todo que ver. Su embargo petrolero está asfixiando a Cuba. Venezuela y México eran los proveedores principales. Ahora no hay combustible. Trump dice que Cuba va a caer, pero está ayudando a que caiga.
The Pulse
- Apagones que se extienden durante días han dejado a millones de cubanos sin luz, sin internet y sin la posibilidad de estudiar, cocinar o trabajar con normalidad.
- El sonido metálico de las cacerolas nocturnas y una sentada estudiantil en la escalinata de la Universidad de La Habana representan actos de protesta extraordinariamente arriesgados en el contexto cubano, donde la disidencia visible puede costar sanciones académicas o algo peor.
- La crisis se ha profundizado por el corte de suministros petroleros de Venezuela y México, ambos interrumpidos en parte por presiones directas de la administración Trump, que además declara abiertamente que 'Cuba va a caer pronto'.
- Los estudiantes que se sentaron en la escalinata lograron iniciar un diálogo con autoridades universitarias, aunque agentes de seguridad vestidos de civil permanecieron observando durante toda la concentración.
- El Gobierno de Díaz-Canel atribuye la crisis a las restricciones externas sobre el combustible, pero la población lleva meses reorganizando su vida alrededor de la oscuridad, y la paciencia tiene límites que ya se están alcanzando.
En La Habana, el sonido de las cacerolas ha roto el silencio de una noche sin luz: cubanos de a pie y estudiantes universitarios han salido a expresar, con gestos inusuales y cargados de riesgo, su agotamiento ante una crisis energética que ya no permite vivir con normalidad. La escasez de combustible —agravada por la interrupción de suministros venezolanos y mexicanos y por la presión activa de la administración Trump— ha convertido los apagones de horas en apagones de días, reorganizando la vida entera de millones de personas alrededor de la ausencia de electricidad. En una isla donde el descontento público rara vez se hace visible, estos actos pequeños y valientes señalan que algo en el tejido cotidiano ha llegado a un punto de quiebre.
El fin de semana pasado, La Habana se llenó del sonido de las cacerolas. Después del anochecer, residentes salieron a las calles golpeando ollas, un acto de protesta que resonaba en barrios sumidos en la oscuridad. En algunos puntos, vecinos se reunieron alrededor de fogatas gritando 'libertad, ya es momento'. Los videos, verificados geográficamente por CNN, capturaban esa música de descontento extendida por toda la ciudad.
La crisis energética que golpea a Cuba no es nueva, pero se ha vuelto insoportable. Los apagones que antes duraban horas ahora pueden extenderse durante días. Cuando la electricidad regresa, frecuentemente lo hace de madrugada, y los cubanos se despiertan apresuradamente para completar tareas básicas antes de que la luz vuelva a desaparecer. La vida cotidiana se ha reorganizado alrededor de la ausencia de energía.
El problema se ha agravado por la interrupción de suministros petroleros de Venezuela y México, dos de los principales proveedores de la isla. El operativo militar estadounidense que resultó en la captura de Nicolás Maduro y la presión de Trump sobre el Gobierno mexicano han cortado las arterias que mantenían funcionando la economía cubana. Una avería en la central termoeléctrica Antonio Guiteras, una de las más críticas del país, dejó sin electricidad a aproximadamente seis millones de personas la semana anterior a los cacerolazos.
En el campus de la Universidad de La Habana, un grupo de estudiantes realizó una sentada en la escalinata principal. Explicaron a CNN que la falta de electricidad les impide estudiar, que el internet se ha vuelto prohibitivamente caro y que no han recibido respuestas sobre cómo continuarán sus clases. Funcionarios universitarios y personas que parecían ser agentes de seguridad vestidos de civil permanecieron observando. Los estudiantes permanecieron sentados hasta iniciar un diálogo con las autoridades.
Esta escena, ordinaria en muchos países, adquiere un peso completamente distinto en Cuba, donde protestar puede resultar en sanciones disciplinarias o expulsiones. Cada acto de descontento visible lleva consigo la posibilidad de consecuencias severas. Mientras tanto, Trump declaró que 'Cuba va a caer pronto': una predicción que, esta vez, va acompañada de la política activa que la está acelerando.
El fin de semana pasado, La Habana se llenó del sonido metálico de las cacerolas. Residentes salieron a las calles después del anochecer golpeando ollas contra el pavimento, un acto de protesta que resonaba en barrios sumidos en la oscuridad. Los videos que circulaban en redes sociales, verificados geográficamente por CNN, capturaban esa música de descontento: el eco de las cacerolas retumbando mientras los cortes de electricidad se extendían hora tras hora. En algunos lugares, los vecinos se reunieron alrededor de fogatas en las calles gritando "libertad, ya es momento". En otros, el malestar se expresó desde adentro de las casas, con el sonido de las ollas como único acto de resistencia visible.
La crisis energética que golpea a Cuba no es nueva, pero en las últimas semanas se ha vuelto insoportable. Los apagones que antes duraban unas pocas horas ahora pueden extenderse durante días en algunas zonas del país. Cuando la electricidad regresa, frecuentemente lo hace de madrugada, y los cubanos se despiertan apresuradamente para cocinar, planchar ropa o completar tareas básicas antes de que la luz vuelva a desaparecer. La vida cotidiana se ha reorganizado alrededor de la ausencia de energía.
La raíz del problema se remonta a mediados de 2024, pero se ha agravado dramáticamente en los últimos meses por la escasez de combustible. Dos de los principales proveedores de petróleo de Cuba —Venezuela y México— han interrumpido sus envíos. El operativo militar estadounidense en Venezuela que resultó en la captura de Nicolás Maduro, combinado con una campaña de presión del presidente Donald Trump sobre el Gobierno mexicano, ha cortado las arterias de suministro que mantenían funcionando la economía cubana. El Gobierno de Miguel Díaz-Canel ha atribuido gran parte de la crisis a estas restricciones sobre el combustible.
La semana anterior a los cacerolazos, una avería en la central termoeléctrica Antonio Guiteras —una de las instalaciones más críticas del país— provocó un apagón masivo que dejó sin electricidad a aproximadamente seis millones de personas. Las autoridades suspendieron temporalmente las clases y las actividades en La Habana. La empresa estatal Unión Eléctrica confirmó la magnitud del colapso.
Pero el descontento no se limitó a las calles. En el campus de la Universidad de La Habana, un grupo de estudiantes realizó una sentada en la escalinata principal, un acto de protesta pacífico pero extraordinariamente significativo en el contexto cubano. Los estudiantes explicaron a CNN que la falta de electricidad les impide estudiar, que el acceso a internet se ha vuelto prohibitivamente caro, y que no han recibido respuestas de los profesores ni de la administración universitaria sobre cómo continuarán sus estudios. Durante la concentración, funcionarios universitarios y personas que parecían ser agentes de seguridad vestidos de civil permanecieron en los alrededores observando. Los estudiantes permanecieron sentados hasta que iniciaron un diálogo con las autoridades.
Esta escena, ordinaria en muchos países del mundo, adquiere un peso completamente distinto en Cuba, donde las protestas públicas son raras y pueden resultar en sanciones disciplinarias o expulsiones académicas. El riesgo que asumieron estos estudiantes al sentarse en esa escalinata no es comparable al de una protesta similar en otra parte de América Latina. Cada acto de descontento visible lleva consigo la posibilidad de consecuencias severas.
Mientras tanto, el presidente Trump declaró durante una entrevista con CNN el viernes que "Cuba va a caer pronto", una afirmación que otros presidentes estadounidenses han hecho en el pasado, pero que en esta ocasión resuena de manera diferente. Trump no solo hace la predicción; su administración está activamente impulsando el embargo petrolero que está acelerando el colapso económico de la isla. La advertencia y la política van de la mano, creando una presión externa que se suma a la crisis interna que ya estaba quebrando la vida de millones de cubanos.
Notable Quotes
Cuba va a caer pronto— Donald Trump, presidente de Estados Unidos, en entrevista con CNN
La falta de luz no nos deja estudiar, el internet se ha vuelto más caro y no hemos recibido respuestas— Estudiantes de la Universidad de La Habana que participaron en la sentada