En las aguas del Canal de Panamá, donde el tiempo siempre ha tenido precio, un buque cargado de gas licuado de petróleo pagó esta semana 5,3 millones de dólares por el derecho a no esperar. El récord no es solo una cifra: es el reflejo de cómo el clima, el comercio y la urgencia humana se entrelazan cuando El Niño reduce el agua del Lago Gatún y convierte cada espacio de tránsito en un bien escaso. Lo que antes era una excepción costosa podría volverse, si la sequía persiste, una condición ordinaria del comercio global.