En el corazón de la mayor economía europea, una institución nacida para custodiar la estabilidad monetaria ha alzado la voz ante un fenómeno político: el avance sostenido de la extrema derecha alemana. El Bundesbank, cuyo mandato es técnico y no partidista, observa en el crecimiento de la AfD y en la polarización que este genera un riesgo que trasciende las urnas y toca los cimientos de la confianza económica. Es una señal rara y significativa: cuando los guardianes del dinero hablan de política, es porque ya no pueden separar una cosa de la otra.