En un momento en que las naciones reexaminan los límites entre apertura y soberanía, Bruselas ha trazado una nueva frontera: los contratos públicos en sectores estratégicos de la Unión Europea favorecerán de ahora en adelante a proveedores europeos. La medida, aprobada en septiembre de 2026, responde a décadas de dependencia acumulada en cadenas de suministro críticas y a la creciente presencia de empresas chinas en infraestructuras sensibles del continente. Europa no cierra sus puertas al mundo, pero sí decide con mayor deliberación quién entra por ellas.