Cuando las palabras de un mandatario cruzan la frontera no como diplomacia sino como insulto, las naciones responden con el único lenguaje que queda: el silencio institucional. Esta semana, Brasil retiró a su embajador de Buenos Aires y expulsó al representante argentino tras los ataques públicos del presidente Javier Milei contra Luiz Inácio Lula da Silva en suelo brasileño, dejando a dos de las mayores economías de Sudamérica sin embajadores acreditados. Lo que comenzó como un acto de campaña se ha convertido en una prueba de hasta dónde puede llegar la retórica ideológica antes de fracturar