En vísperas de una contienda electoral que podría devolverle el poder por un mandato más, el gobierno de Lula da Silva presentó un presupuesto para 2027 que promete disciplina fiscal en el papel, pero que los mercados leen con desconfianza. El superávit primario proyectado —0,5% del PIB— convive con un déficit nominal cercano al 10% y una deuda pública en ascenso, recordándonos que las cifras presupuestarias son también actos de fe política. La verdadera pregunta no es qué dice el presupuesto, sino qué hará el poder con él una vez que las urnas hayan hablado.