En el tejido siempre tenso de las relaciones entre vecinos, las palabras pronunciadas un sábado por la noche en São Paulo por el presidente argentino Javier Milei —llamando 'presidiario' a Lula y 'socialistas ladrones' al gobierno brasileño— desataron una respuesta diplomática formal: Brasil llamó a consultas a su embajador en Argentina. El episodio recuerda que la retórica política, cuando cruza fronteras, deja de ser solo discurso y se convierte en acto de Estado. Entre dos países que son socios comerciales fundamentales, la pregunta que queda suspendida es si las convicciones ideológicas de