En el umbral de una elección que definirá el rumbo de la mayor democracia latinoamericana, Brasil observa cómo la distancia entre dos visiones opuestas del país se reduce hasta casi desaparecer. Un sondeo de Quaest revela que Lula y Flávio Bolsonaro llegan al 41 por ciento cada uno en intención de voto para segunda vuelta, la primera paridad desde marzo, mientras el país atraviesa turbulencias en su Corte Suprema. La historia electoral brasileña vuelve a recordarnos que en las democracias vivas, ninguna ventaja es permanente.