En las calles de San Sebastián, donde el cine convoca cada año a figuras que encarnan el poder simbólico de las imágenes, Brad Pitt eligió detenerse. Su llegada al festival para presentar 'En el corazón de la bestia' no fue solo un movimiento promocional, sino un recordatorio de que la relación entre una estrella y su público puede, en ocasiones, resistir la frialdad del protocolo. Acompañado por Inés de Ramón y rodeado de una logística que habla de su escala global, Pitt dedicó media hora a sus seguidores —un gesto pequeño en duración, pero significativo en lo que revela sobre cómo algunos el