Turquía, único país candidato a la Unión Europea cuyos ciudadanos siguen obligados a solicitar visado Schengen, atraviesa una crisis silenciosa pero profunda: la burocracia se ha convertido en mercado, y el mercado en muro. Lo que debería ser un trámite administrativo se ha transformado en una prueba de resistencia económica y emocional que separa familias, cancela sueños académicos y erosiona, cita a cita, la confianza en el proyecto europeo.
Bots, privatizaciones y millones perdidos: la crisis de visados que envenena relaciones UE-Turquía
Ciudadanos turcos pierden oportunidades educativas, profesionales y familiares; estudiantes con becas Erasmus no pueden asistir, empresarios pierden reuniones, padres no pueden asistir bodas de hijos.