Los mercados de bonos globales viven una nueva ola de presión, con rendimientos en máximos de varios años y pérdidas que incomodan a los inversores. Sin embargo, la historia invita a la perspectiva: lo que ocurre hoy es una sombra de la tormenta de 2022, cuando los bancos centrales ejecutaron el endurecimiento monetario más agresivo en medio siglo. En este ciclo, el punto de partida es más alto, el colchón de ingresos más generoso, y el pánico, por ahora, brilla por su ausencia.