En un Brasil marcado por más de 560.000 muertes por COVID-19 y una popularidad presidencial en caída libre, Jair Bolsonaro presentó ante el Congreso el Auxilio Brasil, un programa destinado a reemplazar el emblemático Bolsa Familia de Lula da Silva con bonos hasta 50% más altos para los más pobres. El gesto, que llegaría a más de 16 millones de brasileños, ocurre a poco más de un año de las elecciones de 2022, donde los sondeos ya ubican a Bolsonaro por detrás de su predecesor. Como tantas veces en la historia, la generosidad del poder y su cálculo electoral resultan difíciles de separar.
Bolsonaro presenta Auxilio Brasil para reemplazar Bolsa Familia con aumento de 50%
No podían abandonar a los más vulnerables
¿Por qué Bolsonaro elige este momento exacto para cambiar el nombre del programa? ¿No parece demasiado obvio?
Es obvio, sí. Pero en política, a veces lo obvio funciona. Lula creó Bolsa Familia y se convirtió en un símbolo de su gobierno. Si Bolsonaro simplemente lo expande, sigue siendo el programa de Lula. Al renombrarlo, lo hace suyo.
¿Y el aumento del 50 por ciento? ¿Es real o es solo números en un papel?
Es real en la intención, pero los detalles están en el aire. El presupuesto de 2022 aún no se aprueba. El monto exacto no está fijo. Es una promesa que depende de que el Congreso diga que sí.
¿Qué tan desesperado está Bolsonaro en este momento?
Lo suficientemente desesperado como para gastar dinero que no tiene completamente asignado. Sus números de aprobación son los peores desde que llegó al poder. Los sondeos dicen que Lula lo vence. Cuando un presidente hace esto, está admitiendo sin palabras que está perdiendo.
¿Qué pasa con las investigaciones en su contra? ¿Esto las detiene?
No. El dinero no compra inocencia legal. Pero puede comprar tiempo y atención. Mientras la gente habla del aumento de beneficios, hay menos espacio en las noticias para hablar de vacunas y muertes.
¿Ganará esto las elecciones para él?
Nadie lo sabe. Depende de si los brasileños pobres creen que es genuino, de si el Congreso lo aprueba, de si la economía mejora. Pero sin esto, casi seguro que pierde.
Il Polso
- Bolsonaro enfrenta su peor momento político desde que asumió en 2019, con sondeos que lo dan perdedor frente a Lula en las próximas elecciones.
- El gobierno está bajo investigación por presuntas omisiones en el manejo de la pandemia y sospechas de corrupción en la compra de vacunas, mientras el país llora más de 560.000 muertos.
- Para revertir la erosión, Bolsonaro propone enterrar el Bolsa Familia —símbolo del legado de Lula— y lanzar el Auxilio Brasil, con bonos que subirían de 190 a 300 reales para más de 16 millones de personas.
- El programa no está garantizado: depende de la aprobación del Congreso y del presupuesto 2022, que el gobierno debe presentar antes del 31 de agosto.
- La medida combina una necesidad social real —el alza global de precios de alimentos— con una apuesta política de alto riesgo a menos de 15 meses de las urnas.
En un Brasil marcado por más de 560.000 muertes por COVID-19 y una popularidad presidencial en caída libre, Jair Bolsonaro presentó ante el Congreso el Auxilio Brasil, un programa destinado a reemplazar el emblemático Bolsa Familia de Lula da Silva con bonos hasta 50% más altos para los más pobres. El gesto, que llegaría a más de 16 millones de brasileños, ocurre a poco más de un año de las elecciones de 2022, donde los sondeos ya ubican a Bolsonaro por detrás de su predecesor. Como tantas veces en la historia, la generosidad del poder y su cálculo electoral resultan difíciles de separar.
El lunes pasado, Jair Bolsonaro llegó al Congreso con un decreto-ley y una promesa: enterrar el Bolsa Familia —el programa social creado por Lula da Silva en 2003— y reemplazarlo con el Auxilio Brasil, que aumentaría el bono mínimo hasta un 50%, elevándolo de 190 a cerca de 300 reales y extendiendo los beneficios a más de 16 millones de brasileños pobres. Flanqueado por su ministro de Economía Paulo Guedes y el jefe de gabinete Ciro Nogueira, Bolsonaro apeló a la pandemia y al alza de precios de alimentos para justificar la medida. El gobierno esperaba que el programa entrara en vigor en noviembre, justo al terminar las ayudas de emergencia por COVID-19.
Lo que no se dijo en voz alta, pero todos entendían, era el trasfondo político. Los índices de aprobación de Bolsonaro eran los peores de su mandato y los sondeos lo mostraban perdiendo frente a Lula en 2022. Reemplazar el programa más asociado al legado de su rival con uno de nombre propio, y ampliar su alcance, era también una apuesta para recuperar a los votantes más pobres antes de las elecciones.
Sin embargo, la propuesta estaba lejos de ser un hecho consumado. El monto exacto del beneficio y su financiamiento dependían de la aprobación del presupuesto 2022 en el Congreso, que el gobierno debía presentar antes del 31 de agosto. Todo esto ocurría mientras Brasil sumaba más de 560.000 muertos por COVID-19 y el propio Bolsonaro enfrentaba investigaciones judiciales por presuntas omisiones en el manejo de la pandemia y sospechas de corrupción en la compra de vacunas. En ese contexto, el Auxilio Brasil era a la vez una respuesta a una necesidad real y la maniobra de un presidente que sabía que el tiempo político se le agotaba.
El presidente brasileño Jair Bolsonaro caminó hasta el podio del Congreso el lunes pasado con un decreto-ley en las manos y una promesa de alivio para los pobres. Venía a enterrar un programa que había durado casi dos décadas—el Bolsa Familia, creado por Lula da Silva en 2003—y a reemplazarlo con algo nuevo: el Auxilio Brasil, con un aumento del bono de hasta 50 por ciento. Acompañado por su ministro de Economía, Paulo Guedes, y el jefe de gabinete, Ciro Nogueira, Bolsonaro explicó la lógica de la medida con palabras que sonaban a preocupación genuina. La pandemia había disparado los precios de los alimentos en todo el mundo, dijo. No podían abandonar a los más vulnerables. Así que decidieron aumentar el bono mínimo en 50 por ciento.
Lo que Bolsonaro no dijo en voz alta, pero que todos en la sala entendían, era que estaba en problemas políticos. Sus números de aprobación eran los peores desde que asumió el poder en enero de 2019. Los sondeos mostraban que perdería contra Lula si ambos se enfrentaran en las elecciones de 2022. Un gesto de generosidad social, especialmente uno que llevaba el nombre de un programa nuevo en lugar del de su predecesor, podría ayudarlo a recuperar terreno con los votantes más pobres antes de que llegara el momento de las urnas.
El Bolsa Familia había sido el corazón del legado social de Lula. Creado en 2003, el programa entregaba un promedio de 190 reales—unos 36,5 dólares—a aproximadamente 14,6 millones de brasileños pobres. Era simple, directo, y había sido clave para la popularidad que Lula disfrutó durante sus dos mandatos entre 2003 y 2010. Ahora Bolsonaro proponía transformarlo. El nuevo Auxilio Brasil aumentaría el bono a alrededor de 300 reales y extendería los beneficios a más de 16 millones de brasileños. El gobierno esperaba que el programa entrara en vigor en noviembre, justo después de que terminaran los pagos de emergencia por la pandemia en octubre.
Pero había detalles sin resolver. El monto exacto del beneficio y los recursos que financiarían el Auxilio Brasil aún tenían que definirse en los próximos meses, una vez que el Congreso aprobara el presupuesto de 2022, que el gobierno debía presentar antes del 31 de agosto. La ampliación dependía de otras votaciones en el Congreso. No era un hecho consumado. Era una propuesta, una apuesta política, un intento de Bolsonaro de reescribir la narrativa de su gobierno antes de que fuera demasiado tarde.
Lo que hacía más urgente esta maniobra era el contexto más amplio en el que ocurría. Brasil había perdido más de 560.000 personas a causa de la COVID-19. El gobierno de Bolsonaro estaba siendo investigado por posibles omisiones en el manejo de la pandemia. El presidente mismo enfrentaba una investigación judicial por sospechas de prevaricación, acusado de no denunciar indicios de corrupción en la compra de vacunas contra el virus. Solo en 2020, las ayudas de emergencia por la pandemia habían costado al estado casi 231 mil millones de reales—cerca de 45 mil millones de dólares al cambio de ese año. Ahora, mientras enfrentaba esas acusaciones y esa erosión de popularidad, Bolsonaro estaba pidiendo al Congreso que aprobara un programa de gasto social ampliado. Era un movimiento que combinaba la necesidad real con el cálculo político, la preocupación por los vulnerables con la desesperación de un presidente que sabía que podría perder.
Citazioni salienti
Sabemos que la pandemia causó una inflación en los alimentos en todo el mundo, entonces no podemos dejar de asistir a los más vulnerables. Ya decidimos una propuesta mínima de 50% de aumento para el Bolsa Familia, que ahora se llama Auxilio Brasil— Jair Bolsonaro, presidente de Brasil