En el Día de la Independencia brasileña, la Avenida Paulista de São Paulo se convirtió en escenario de una pugna que va más allá de una campaña electoral: casi 29.000 personas se reunieron para escuchar a Flávio Bolsonaro, heredero político de su padre encarcelado, desafiar al presidente Lula y al poder judicial que condenó al expresidente. A cuatro semanas de los comicios del 4 de octubre, Brasil enfrenta una de esas encrucijadas en que una nación debe decidir no solo quién gobierna, sino qué instituciones merecen su confianza.