Bolsas asiáticas avanzan por repunte tecnológico mientras bonos alcanzan máximos de 24 años

La tormenta perfecta del mercado de bonos ignora el mercado de acciones
Los rendimientos de bonos alcanzan máximos de dos décadas mientras las acciones avanzan, creando una desconexión que los inversores no pueden sostener indefinidamente.
Mark

¿Por qué los mercados de acciones parecen no preocuparse por rendimientos de bonos tan altos?

Mimi

Porque los inversores están apostando a que el crecimiento económico y las ganancias corporativas pueden sostener los precios de las acciones incluso con tasas más altas. El auge de la IA está alimentando esa confianza.

Luke

Pero eso es un apuesta, no un hecho. ¿Cuánto tiempo puede durar esa desconexión?

Mark

¿Qué significa que el porcentaje de acciones por encima de sus medias móviles haya caído a niveles de marzo?

Mimi

Significa que menos acciones están subiendo. No es solo que el S&P 500 esté cerca de máximos; es que esa ganancia está concentrada en pocas empresas grandes como Nvidia y Microsoft.

Luke

Exacto. La amplitud está fallando. Eso es una advertencia que los titulares de máximos históricos no capturan.

Mark

¿Cuál es el riesgo real aquí?

Mimi

Si las tasas de interés siguen subiendo o se mantienen altas, eventualmente presionarán las valoraciones de las acciones. Y si la inflación no baja, la Reserva Federal podría mantener tasas altas por más tiempo.

Luke

Pero nadie sabe si los rendimientos han alcanzado su pico. Ese es el punto de incertidumbre que paraliza a los inversores.

Mark

¿Qué está pasando en Asia?

Mimi

Asia está siguiendo a Wall Street, pero con ganancias mucho más pequeñas. El MSCI Asia Pacífico subió solo 0,1%. Es como si los mercados asiáticos estuvieran esperando a ver qué pasa con los bonos.

Luke

Y eso tiene sentido. Asia es más sensible a los movimientos de tasas globales porque muchas empresas allí tienen deuda en dólares.

  • Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 y 30 años escalaron a 5,34% y 5,7%, sus cotas más altas en más de dos décadas, sacudiendo los mercados de deuda globales.
  • Australia y Nueva Zelanda sintieron el golpe de inmediato: sus bonos gubernamentales cayeron a primera hora del martes, mientras el euro tocó su nivel más bajo desde mayo.
  • Las bolsas asiáticas subieron apenas un 0,1%, sostenidas por el impulso tecnológico de Nvidia y Microsoft, pero con una amplitud de mercado que se deteriora silenciosamente.
  • Los analistas advierten que el porcentaje de acciones por encima de sus medias móviles ha caído a niveles de marzo, señal de que el optimismo visible oculta una fragilidad interna creciente.
  • Los inversores permanecen divididos sobre si los rendimientos han tocado techo, mientras la inflación en servicios alcanza su nivel más alto en cuatro años y la Fed mantiene abierta la puerta a nuevas subidas.

En los mercados del martes asiático, una calma superficial en las bolsas convivía con una tormenta profunda en el mercado de bonos: los rendimientos del Tesoro estadounidense alcanzaron niveles no vistos desde 2002, mientras las acciones tecnológicas seguían avanzando como si esa presión no existiera. Es la vieja tensión entre el optimismo de los operadores y la aritmética implacable del costo del dinero, jugándose ahora en tiempo real. La pregunta que subyace no es solo financiera: es sobre cuánto tiempo puede una economía ignorar sus propias señales de advertencia antes de que estas se impongan.

Los mercados asiáticos abrieron el martes con ganancias contenidas, heredando el entusiasmo tecnológico de Wall Street: Nvidia y Microsoft habían liderado un repunte que acercó al S&P 500 a sus máximos históricos, y ese impulso llegó a Tokio, Hong Kong y Sydney, aunque atenuado. El índice MSCI Asia Pacífico avanzó apenas un 0,1%, mientras el crudo Brent rondaba los 100,30 dólares y el Bitcoin permanecía casi inmóvil.

Debajo de esa calma bursátil, sin embargo, el mercado de bonos vivía una jornada turbulenta. Los rendimientos del Tesoro estadounidense a 10 y 30 años saltaron a 5,34% y 5,7% respectivamente, sus niveles más altos desde 2002, con movimientos bruscos que se propagaron hacia la deuda soberana de Australia y Nueva Zelanda. El euro, presionado por la inestabilidad política europea y los temores fiscales, cayó a su mínimo desde mayo.

Lo llamativo era la aparente indiferencia de los mercados de renta variable ante esa tormenta. Los operadores preferían mirar las ganancias corporativas sólidas, el consumo resiliente y el auge de la inversión en inteligencia artificial. Lisa Shalett, de Morgan Stanley, lo justificó apelando al crecimiento acelerado y a la insensibilidad de la IA a las tasas de interés. Pero esa indiferencia tenía fisuras: la amplitud del mercado se estaba erosionando, con el porcentaje de acciones sobre sus medias móviles cayendo a niveles de marzo. Craig Johnson, de Piper Sandler, fue directo: sin que bajen las tasas ni el petróleo, los indicadores internos seguirán empeorando.

La incógnita central era si los rendimientos habían tocado su pico. Desde agosto suben de forma constante, alimentados por el gasto en infraestructura de IA y por una inflación en servicios que alcanzó su nivel más alto en cuatro años. Mientras los inversores evitaban hacer predicciones, la Casa Blanca preparaba medidas para abaratar el diésel, una jugada con implicaciones propias para la energía y los precios.

Los mercados asiáticos despertaron el martes con ganancias modestas, impulsados por el entusiasmo que había arrastrado Wall Street la noche anterior. El índice MSCI Asia Pacífico avanzó apenas 0,1%, una subida contenida que reflejaba el pulso dividido de los inversores globales. Nvidia y Microsoft habían liderado un repunte tecnológico en Nueva York que llevó al S&P 500 cerca de sus máximos históricos, y ese impulso llegó a Tokio, Hong Kong y Sydney, aunque con menos vigor. El crudo Brent se mantuvo bajo presión, cotizando alrededor de 100,30 dólares por barril, mientras que el Bitcoin apenas se movió en 85.806,96 dólares.

Pero debajo de esta calma relativa en las bolsas de valores se agitaba una tormenta en el mercado de bonos. Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 y 30 años habían saltado a 5,34% y 5,7% respectivamente en la sesión de Nueva York del lunes, alcanzando sus niveles más altos desde 2002. Fue un movimiento brusco: los rendimientos a largo plazo subieron al menos siete puntos básicos, mientras que los bonos a corto plazo ganaron entre dos y cuatro. Los bonos gubernamentales de Australia y Nueva Zelanda cayeron a primera hora del martes, siguiendo la onda expansiva de esa presión sobre los rendimientos globales. El euro, entretanto, se debilitó a su nivel más bajo desde mayo, acosado por la inestabilidad política en Europa y las preocupaciones sobre los déficits fiscales.

Lo notable era que los inversores en acciones parecían estar ignorando deliberadamente esta tormenta. Los analistas señalaban que el mercado de valores había descartado en gran medida las perspectivas de tasas de interés más altas, el aumento de los costos energéticos y la inflación renovada. En su lugar, los operadores se enfocaban en las ganancias corporativas sólidas, el gasto de los consumidores resiliente y el auge de la inversión en inteligencia artificial como razones para mantener los índices de referencia en máximos. Lisa Shalett, de Morgan Stanley Wealth Management, lo expresó así: la relativa calma en los mercados de renta variable en medio de la tormenta perfecta del mercado de bonos era comprensible, dado el crecimiento económico acelerado y la insensibilidad a las tasas de interés del auge de la IA.

Pero esa insensibilidad tenía límites visibles. El porcentaje de acciones estadounidenses que cotizaban por encima de sus medias móviles de 10, 50 y 200 días había caído a niveles no vistos desde marzo, una señal de que la amplitud del mercado se estaba erosionando. Craig Johnson, analista técnico jefe de Piper Sandler, fue directo: necesitaban que bajaran las tasas de interés y el precio del petróleo, pero en ese momento ninguna de esas cosas estaba ocurriendo, y los indicadores internos del mercado estaban empeorando. Eso iba a suponer un obstáculo para el mercado.

La pregunta que flotaba sobre los operadores era si los rendimientos de los bonos habían alcanzado su pico. Desde mediados de agosto, habían subido de manera constante, impulsados por la expansión económica alimentada por el gasto en infraestructuras de inteligencia artificial y por la persistencia de presiones inflacionarias que mantenían abierta la puerta a nuevas subidas de tasas por parte de la Reserva Federal. Un informe sobre el sector servicios estadounidense publicado el lunes mostró que las presiones sobre los costos habían aumentado al nivel más alto en más de cuatro años. Los inversores seguían mostrándose cautelosos a la hora de predecir un máximo. Mientras tanto, el presidente Donald Trump se preparaba para flexibilizar las restricciones al uso de diésel exenta de impuestos en su último intento por reducir los costos de ese combustible esencial, una medida que podría tener implicaciones propias para la inflación y los mercados de energía.

La relativa calma en los mercados de renta variable en medio de la tormenta perfecta del mercado de bonos es comprensible, dado el crecimiento económico acelerado y la insensibilidad a las tasas de interés del auge de la IA
— Lisa Shalett, Morgan Stanley Wealth Management
Necesitamos que bajen las tasas de interés y el precio del petróleo, pero en este momento no está ocurriendo y los indicadores internos del mercado están empeorando. Eso va a suponer un obstáculo para el mercado
— Craig Johnson, analista técnico jefe de Piper Sandler
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