Bogotá atraviesa un momento de quiebre en la confianza colectiva: solo el 4% de sus habitantes se siente seguro en la ciudad, el registro más bajo en cuatro años de mediciones sistemáticas. Lo que revelan los datos de la encuesta Bogotá Cómo Vamos no es únicamente el ascenso de la criminalidad, sino el colapso de la sensación de pertenencia y protección en los espacios cotidianos. La inseguridad, lejos de ser un fenómeno uniforme, recae con mayor peso sobre las mujeres, los adultos mayores y las localidades más vulnerables, recordándonos que el miedo también tiene geografía y género.
Bogotá toca fondo: solo 4% se siente seguro, la peor cifra en 4 años
Solo el 4 por ciento se siente seguro: la peor cifra en cuatro años
¿Cómo es posible que la percepción de seguridad haya caído del 27 por ciento en 2019 al 4 por ciento ahora? ¿Qué cambió tan radicalmente en dos años?
La pandemia transformó la ciudad. Hubo confinamiento, desempleo, presencia policial reducida en algunos sectores. Pero también hay que ver que el 42 por ciento de los encuestados reportó ser víctima de delitos en agosto, así que no es solo percepción: la gente está siendo robada, asaltada, victimizada.
Espera. El 42 por ciento en agosto es menos que el 48 por ciento en febrero. Entonces los delitos bajaron, pero la sensación de seguridad se desplomó aún más. Eso sugiere que algo más está pasando: quizá la cobertura mediática, quizá un evento específico que no vemos en los números, o quizá la gente está más asustada aunque haya menos delitos.
¿Y por qué las mujeres representan el 62 por ciento de las víctimas ahora, cuando en 2019 eran el 25 por ciento?
Ese aumento es real y preocupante. Podría ser que los delitos contra mujeres hayan aumentado específicamente, o que las mujeres estén reportando más. Pero el cambio es tan grande que sugiere un problema estructural nuevo o que se ha agravado.
Pero aquí hay un problema metodológico: ¿la encuesta pregunta sobre todos los delitos o solo algunos? ¿Cómo se define victimización? Si la definición cambió entre años, los números no son comparables. Y el 62 por ciento de un 42 por ciento total es aproximadamente 26 de cada 100 bogotanos. Es mucho, pero necesitamos saber exactamente qué delitos estamos contando.
Las localidades de Bosa, Tunjuelito y Ciudad Bolívar tienen más delitos. ¿Eso refleja realidad o sesgo en quién responde la encuesta?
Esas son zonas históricamente más vulnerables, con menos presencia estatal. Pero tienes razón en cuestionar: ¿la encuesta tiene representación igual de todas las localidades? ¿O hay zonas donde es más difícil hacer encuestas?
Exacto. Y el dato de que el 68 por ciento de las víctimas tiene más de 55 años es interesante pero confuso. ¿Significa que los adultos mayores son más victimizados, o que son más propensos a reportar delitos, o que la encuesta llegó más a adultos mayores? No lo sabemos.
¿Entonces qué podemos afirmar con seguridad?
Que la percepción de seguridad en Bogotá ha caído dramáticamente en los últimos meses, que las mujeres reportan más victimización que antes, y que hay zonas específicas con más delitos reportados.
Y que necesitamos más información para entender si esto es un cambio real en la criminalidad o un cambio en cómo la gente percibe y reporta la criminalidad. Ambas cosas importan, pero son diferentes.
O Pulso
- La percepción de seguridad en Bogotá se desplomó al 4%, su nivel más bajo desde que comenzaron las mediciones, frente al 27% registrado apenas en 2019.
- El miedo ha invadido incluso los barrios propios: solo el 12% de los encuestados se siente tranquilo en su zona de residencia, cuando hace dos años esa cifra era del 50%.
- El 42% de los bogotanos reportó haber sido víctima de un delito, y las mujeres representan el 62% de esas víctimas, una proporción que se ha más que duplicado desde 2019.
- La inseguridad no golpea por igual: Bosa, Tunjuelito y Ciudad Bolívar concentran la mayor criminalidad, mientras que los adultos mayores de 55 años constituyen el 68% de las víctimas reportadas.
- Los resultados fueron entregados a las autoridades con la expectativa de que sirvan como base para políticas públicas concretas, aunque la magnitud del deterioro exige respuestas urgentes y estructurales.
Bogotá atraviesa un momento de quiebre en la confianza colectiva: solo el 4% de sus habitantes se siente seguro en la ciudad, el registro más bajo en cuatro años de mediciones sistemáticas. Lo que revelan los datos de la encuesta Bogotá Cómo Vamos no es únicamente el ascenso de la criminalidad, sino el colapso de la sensación de pertenencia y protección en los espacios cotidianos. La inseguridad, lejos de ser un fenómeno uniforme, recae con mayor peso sobre las mujeres, los adultos mayores y las localidades más vulnerables, recordándonos que el miedo también tiene geografía y género.
Bogotá ha alcanzado un punto de quiebre en la percepción de seguridad de sus habitantes. La encuesta Bogotá Cómo Vamos, realizada en agosto con más de 6.100 personas por un consorcio que incluye la Casa Editorial El Tiempo, la Cámara de Comercio, la Universidad Javeriana y la Fundación Corona, reveló que apenas el 4% de los consultados se siente seguro en la capital. Es la cifra más baja en cuatro años de mediciones.
La caída ha sido acelerada y sostenida. En febrero de este año el porcentaje era del 9%; en 2019, antes de la pandemia, llegaba al 27%. La erosión no se detiene en las calles: cuando se preguntó por la seguridad en los propios barrios, solo el 12% respondió sentirse tranquilo, frente al 50% que lo hacía en 2019. La amenaza se percibe como omnipresente, incluso en los espacios más cercanos.
Los datos de victimización refuerzan esa sensación. El 42% de los encuestados reportó haber sido víctima de algún delito, casi el doble que en 2019. El impacto sobre las mujeres es especialmente pronunciado: representan el 62% de las víctimas en agosto, cuando en 2019 eran apenas el 25%. Los adultos mayores de 55 años concentran el 68% de los casos reportados, evidenciando que la inseguridad castiga de forma desigual según género y edad.
La geografía del crimen también es inequitativa. Bosa, Tunjuelito y Ciudad Bolívar registraron la mayor concentración de casos, mientras que Barrios Unidos, Teusaquillo y Chapinero reportaron los niveles más bajos. Felipe Mariño, director de Bogotá Cómo Vamos, subrayó que el objetivo de la encuesta es convertir estos resultados en insumo para políticas públicas, ante un retrato de ciudad donde la inseguridad ha alcanzado niveles sin precedentes.
Bogotá ha llegado a un punto de quiebre en la percepción de seguridad de sus habitantes. Según la encuesta Bogotá Cómo Vamos, realizada en agosto por un consorcio que incluye la Casa Editorial El Tiempo, la Cámara de Comercio de Bogotá, la Universidad Javeriana y la Fundación Corona, apenas el 4 por ciento de las 6.100 personas consultadas afirmó sentirse segura en la capital colombiana. Es la cifra más baja registrada en cuatro años de mediciones sistemáticas.
La caída ha sido vertiginosa. En febrero de este mismo año, cuando se realizó la encuesta anterior, el porcentaje de personas que se sentían seguras era del 9 por ciento. Seis meses antes, en el segundo semestre de 2020, alcanzaba el 7 por ciento. Pero la comparación más dramática es con 2019, antes de que la pandemia transformara la vida urbana: entonces, el 27 por ciento de los bogotanos reportaba sentirse seguro. En 2018 era el 15 por ciento, y en 2017 el 19 por ciento. Lo que muestra esta trayectoria es que la inseguridad no solo ha crecido, sino que ha acelerado su deterioro en los últimos meses.
La sensación de vulnerabilidad se extiende incluso a los espacios más cercanos. Cuando se preguntó a los encuestados si se sentían seguros en sus propios barrios, solo el 12 por ciento respondió afirmativamente en agosto. En febrero era el 16 por ciento, y en 2020 el 13 por ciento. En 2019, en cambio, la mitad de los bogotanos, el 50 por ciento, decía sentirse tranquilo en su zona de residencia. En 2018 era el 41 por ciento y en 2017 el 40 por ciento. La erosión de la confianza en los espacios de proximidad refleja una ciudad donde la amenaza se percibe como omnipresente.
Los números de victimización, aunque ligeramente menores que en mediciones previas, siguen siendo alarmantes. El 42 por ciento de los consultados en agosto reportó haber sido víctima de delitos. En febrero era el 48 por ciento, y en 2020 el 46 por ciento. Pero comparado con 2019, cuando solo el 27 por ciento reportaba victimización, la cifra actual sigue siendo casi el doble. Las mujeres han sido desproporcionadamente afectadas: del total de personas que reportaron ser víctimas de delitos en agosto, el 62 por ciento eran mujeres. En la medición de febrero era el 45 por ciento, en 2020 el 42 por ciento, y en 2019 apenas el 25 por ciento. El incremento en la victimización femenina es particularmente pronunciado.
La geografía de la inseguridad también es desigual dentro de la ciudad. Las localidades de Barrios Unidos, Teusaquillo y Chapinero reportaron la menor cantidad de víctimas de delitos en el estudio de agosto. En contraste, Bosa, Tunjuelito y Ciudad Bolívar concentraron la mayor cantidad de casos. Otro dato relevante: el 68 por ciento de quienes reportaron ser víctimas de delitos tenía más de 55 años, lo que sugiere que la población adulta mayor enfrenta riesgos particulares.
Felipe Mariño, director de Bogotá Cómo Vamos, explicó que la encuesta de agosto incluyó más de 6.100 personas y abordó múltiples dimensiones de la vida urbana: clima de opinión, percepción de seguridad, situación económica, salud y vacunación, entre otros temas. El propósito, señaló, es que estos resultados se conviertan en insumo para la formulación de políticas públicas. Los datos fueron entregados el martes, y pintan un retrato de una ciudad donde la inseguridad ha alcanzado niveles sin precedentes en el período medido, con consecuencias que se distribuyen de manera desigual según género, edad y localidad.
Citações Notáveis
Encuestamos a más de 6.100 personas en agosto con diferentes temáticas como clima de opinión, percepción de seguridad, situación económica, salud y vacunación, con el propósito de que esta encuesta se convierta en insumo para la realización de políticas públicas— Felipe Mariño, director de Bogotá Cómo Vamos