En el fútbol, como en la vida, no siempre gana quien más merece en el tiempo ordinario, sino quien sostiene la calma en el momento decisivo. Boca Juniors avanzó a cuartos de final de la Copa Argentina sin convertir un solo gol en noventa minutos, superando a Vélez 4-3 en la tanda de penales gracias a la figura de su arquero Álvaro Montero, curiosamente incorporado desde el propio Vélez. La victoria no fue un reflejo del dominio, sino de la templanza: la de un equipo que sobrevivió al borde del abismo y encontró en la definición lo que el juego le había negado.