Boca goleó a Recoleta y avanza a cuartos de la Sudamericana con regularidad recuperada

Boca volvió a ser Boca en Asunción
El equipo recuperó regularidad y orden bajo la dirección de Arruabarrena, goleando 4-0 a Recoleta en la Copa Sudamericana.
Mark

¿Qué cambió realmente con Arruabarrena? Porque el equipo es el mismo, los jugadores son los mismos.

Mimi

No es lo mismo. Cambió el orden, la forma de entender el partido. Antes Boca terminaba sin rematar. Ahora es de los que más dispara. Eso no es casualidad.

Mark

Pero Paredes no jugó. ¿Cómo puede Boca jugar sin su mejor mediocampista?

Mimi

Porque encontró otras formas. Belmonte entró, Delgado se corrió, Aranda distribuyó. No es lo ideal, pero el equipo tiene recursos. La regularidad permite eso.

Mark

Ascacibar marcó cinco goles en seis partidos. ¿Es un delantero ahora?

Mimi

No. Es un volante que encontró confianza. Cuando el equipo gana, cuando hay orden, los jugadores se animan a cosas que antes no hacían. Villa también volvió a ser peligroso.

Mark

¿Recoleta fue un buen rival para medir a este Boca?

Mimi

No. Fue demasiado fácil. Recoleta jugó con inocencia defensiva. San Pablo será otra cosa. Ese es el verdadero test.

Mark

Dieciocho años sin un título internacional. ¿Siente que este equipo puede romper esa sequía?

Mimi

Siente que puede. Eso es lo que cambió. Antes jugaba con dudas. Ahora juega como favorito. Esa sensación tiene que venir de algo real.

  • Boca resolvió la llave antes del descanso con cuatro goles en el primer tiempo, disipando cualquier duda que hubieran sembrado las lesiones previas al viaje.
  • Santiago Ascacibar, convertido en goleador inesperado, y un Sebastián Villa de vuelta en su mejor versión encendieron las alarmas en la defensa paraguaya desde el primer minuto.
  • Las ausencias de Paredes, Lozano y Pellegrino generaron incertidumbre, pero el equipo absorbió los desacoples defensivos gracias a una actuación sólida de Álvaro Montero bajo los tres palos.
  • Arruabarrena aprovechó el partido para administrar cargas, darle minutos a Enner Valencia y consolidar una base que lleva diez partidos con apenas una derrota.
  • El camino a cuartos trae consigo la prueba más exigente del ciclo: San Pablo, un equipo copero que llega tras eliminar a Bolívar, y la ilusión de un título internacional que Boca no levanta desde hace 18 años.

En Asunción, Boca Juniors goleó 4-0 a Recoleta y avanzó a cuartos de final de la Copa Sudamericana con un global de 7-1, cerrando una serie que habló menos del rival y más de un equipo que está recuperando su identidad. Bajo la conducción de Rodolfo Arruabarrena, el conjunto xeneize parece haber reencontrado algo que los grandes clubes pierden y buscan con urgencia: el hábito de ganar. Ahora aguarda San Pablo, y con él, la posibilidad de terminar con 18 años de sed internacional.

Boca volvió a ser Boca en Asunción. Goleó 4-0 a Recoleta en el estadio Defensores del Chaco, cerró la llave de la Copa Sudamericana con un global de 7-1 y se instaló en cuartos de final, donde enfrentará a San Pablo. Lo que importa no es solo el marcador: bajo la dirección de Rodolfo Arruabarrena, el equipo recuperó una costumbre que parecía olvidada, la de ganar con regularidad y avanzar en todos los frentes.

Hace poco, Boca terminaba partidos casi sin rematar al arco. Ahora es uno de los equipos que más dispara en el Clausura y en la Sudamericana. Lleva diez encuentros con apenas una derrota. Sebastián Villa volvió a ser noticia por lo que hace dentro de la cancha, y Santiago Ascacibar se transformó en un goleador inesperado al marcar su quinto tanto en seis partidos. El equipo juega sintiéndose favorito, y esa sensación tiene fundamento.

Las lesiones de Paredes, Lozano y Pellegrino habían generado dudas antes del viaje, pero cualquier interrogante duró poco. Boca casi no le dio posibilidades a Recoleta de meterse en el partido. Hubo algunos desacoples defensivos, sobre todo a la espalda de Figal, y Álvaro Montero respondió con la seguridad que le había faltado en otras ocasiones. Del otro lado, Tomás Aranda distribuyó el juego hacia los costados, Villa fue el más peligroso y Ascacibar abrió el marcador capturando un rebote. Con el 2-0 antes del descanso, la clasificación quedó prácticamente resuelta.

En el segundo tiempo, Boca bajó la intensidad y priorizó el cuidado físico. Enner Valencia sumó sus primeros minutos tras días de acondicionamiento, con la serie ya definida y el estadio copado por hinchas xeneizes. Recoleta, jugando a otra velocidad y con pocos recursos para lastimar, no pudo cambiar el rumbo de la noche.

Aun con aspectos por mejorar, Boca encontró paz con Arruabarrena. Amplió el plantel con juveniles, recuperó futbolistas que venían sin confianza y construyó una base sólida. Ahora busca su primer título internacional en 18 años. San Pablo, que eliminó a Bolívar con goles de Luciano, Calleri y Sabino, será una prueba mucho más exigente. Pero Boca llega con la confianza de quien ha encontrado el camino.

Boca volvió a ser Boca en Asunción. Goleó 4-0 a Recoleta en el estadio Defensores del Chaco, resolvió la llave de la Copa Sudamericana con un global de 7-1 y avanzó a cuartos de final donde enfrentará a San Pablo, el equipo que eliminó a Bolívar con un triunfo de 3-1. Lo que importa no es solo el resultado sino lo que representa: bajo la dirección de Rodolfo Arruabarrena, el equipo recuperó una costumbre que parecía olvidada, la de ganar con regularidad, de encontrar orden, de avanzar en todos los frentes.

Hace poco tiempo Boca era un equipo que terminaba partidos casi sin rematar al arco. Ahora es uno de los que más dispara tanto en el Clausura como en la Sudamericana. Lleva diez encuentros con apenas una derrota, aquella ante Riestra jugando con suplentes. Sebastián Villa volvió a ser noticia por lo que hace dentro de la cancha. Santiago Ascacibar se transformó en un goleador inesperado, marcando su quinto gol en seis partidos. Varios jugadores recuperaron protagonismo. El equipo juega sintiéndose favorito, y esa sensación tiene fundamento.

La serie ante Recoleta parecía más abierta de lo esperado después de la ida en el Ducó. Las lesiones de Leandro Paredes, Leandro Lozano y Marco Pellegrino habían generado dudas antes del viaje. Pero cualquier interrogante duró poco. Boca casi no le dio posibilidades al equipo paraguayo de meterse en el partido. En el primer tiempo, en el Defensores del Chaco, marcó los goles que no había podido convertir en Buenos Aires. Antes del descanso ya había dejado la clasificación prácticamente resuelta.

No fue un comienzo perfecto. Hubo algunos desacoples, sobre todo a la espalda de Nicolás Figal, y Recoleta encontró alguna posibilidad de atacar por ese sector. Álvaro Montero respondió con la seguridad que le había faltado en otros partidos y sostuvo el cero cada vez que lo exigieron. Del otro lado, Boca necesitó poco para mostrar la diferencia de jerarquía. Sin la fluidez de otros encuentros, posiblemente por la ausencia de Paredes y el ingreso de Tomás Belmonte, el equipo igual encontró la forma de generar peligro. Tomás Aranda distribuyó el juego hacia los costados. Villa fue el jugador más peligroso, encontró un buen socio en Lautaro Blanco y fue el que más veces remató al arco.

Ascacibar abrió el marcador capturando un rebote del arquero, ganando en el área y definiendo con el arco libre. Villa encontró la suya sobre el final del primer tiempo. Con el 2-0, Boca resolvió el asunto en los primeros 45 minutos y Arruabarrena pudo empezar a administrar cargas. Recoleta casi no opuso resistencia durante buena parte de la noche. El conjunto paraguayo jugó a otra velocidad, con cierta inocencia defensiva y pocos recursos para lastimar. Boca se sintió cómodo en un estadio copado en su enorme mayoría por sus hinchas.

En el segundo tiempo, Recoleta se adelantó y dejó más metros. Tuvo algunas chances para descontar, pero Montero volvió a aparecer completando una actuación sólida. Boca encontró campo para correr y situaciones para ampliar la diferencia, aunque bajó la intensidad. Para entonces, la principal preocupación pasaba por cuidar el físico, evitar nuevas bajas y darles rodaje a futbolistas que venían con menos ritmo. Enner Valencia, el ecuatoriano, sumó sus primeros minutos después de varios días de acondicionamiento físico. Entró a falta de media hora con un escenario favorable: Recoleta volcado en ataque, muchos metros para aprovechar, la serie ya definida.

Aun con aspectos por mejorar, Boca encontró paz con la llegada de Arruabarrena. Se levantó rápido del golpe ante Riestra y, aunque empató bastante durante este ciclo, de a poco recuperó fisonomía de equipo. Amplió el plantel con juveniles como Aranda y Flores, que incluso debutó con el Vasco. Arruabarrena encontró rápido una base y casi siempre pudo sostenerla más allá de algún retoque. Volvió a darles posibilidades a futbolistas que venían sin confianza y, salvo en aquella noche fatídica en Villa Soldati, los que entran suelen responder.

Recoleta no parece ser la mejor medida para saber hasta dónde puede llegar este Boca, pero esta regularidad le permitió no apurar a los juveniles ni a los refuerzos. Ahora el equipo busca su primer título internacional después de 18 años de espera. San Pablo lo espera en cuartos de final, un equipo muy copero que acaba de eliminar a Bolívar con goles de Luciano, Jonathan Calleri desde el punto de penal y Sabino. Será una prueba más exigente, pero Boca llega con la confianza de quien ha encontrado el camino.

Boca volvió a parecerse a Boca. Con Rodolfo Arruabarrena recuperó algo que por historia y jerarquía debería resultar natural, pero que durante demasiado tiempo dejó de serlo: gana más de lo que pierde, encontró orden, avanza en todos los frentes
— Análisis del desempeño del equipo
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