«Bluetoothing»: práctica de compartir sangre entre consumidores agrava crisis de VIH en Fiyi

La epidemia de VIH en Fiyi ha infectado aproximadamente a 1 de cada 60 adultos; globalmente, 570.000 personas murieron por causas relacionadas con VIH en 2025, con riesgo de 6 millones de muertes adicionales si se suspende ayuda internacional.
Literalmente, solo con cinco, ya tienes de 25 a 30 personas
Kalesi Volatabu describe el efecto multiplicador del bluetoothing en la transmisión de VIH.
Mark

¿Por qué alguien haría algo tan peligroso como inyectarse sangre de otra persona?

Mimi

La respuesta es económica. Si tienes una pequeña cantidad de droga y quieres que rinda más, compartir la sangre de alguien que ya se inyectó te da un "subidón" secundario sin gastar más dinero. Es desesperación convertida en práctica.

Luke

Pero la OMS solo encontró dos casos confirmados en 56 personas entrevistadas. ¿Realmente sabemos cuán extendido está esto?

Mimi

Ese es el punto exacto. Los trabajadores comunitarios como Kalesi Volatabu dicen que es real y que lo han visto, pero la evidencia sistemática es limitada. El estigma probablemente hace que la gente no lo reporte.

Mark

¿Entonces el bluetoothing es la causa principal de la epidemia de VIH en Fiyi?

Luke

No está claro. El Ministerio de Salud lo reconoce como "uno de los factores", pero no dice que sea el factor principal. Hay otras vías de transmisión también.

Mimi

Lo importante es que existe, que es extremadamente riesgoso, y que los gobiernos no lo están tomando en serio. Volatabu pregunta: "¿Cuántas vidas tenemos que perder antes de que realmente hagamos algo?"

Mark

¿Esto está sucediendo en otros lugares además de Fiyi?

Mimi

Sí. Se ha documentado en Lesoto, Zimbabue, Sudáfrica y Tanzania, donde lo llaman "flashblood". Ponto Tumisi advierte que podría estar ocurriendo en otros países sin ser detectado.

Luke

Pero nuevamente, no hay cifras globales. Eamonn Murphy de ONUSIDA dice explícitamente que no es una "tendencia global generalizada".

Mark

¿Qué se está haciendo para detenerlo?

Mimi

Fiyi lanzó un programa de intercambio de jeringas y agujas. Pero Tumisi dice que el verdadero desafío es que los trabajadores de salud a veces niegan que la práctica exista, diciendo que sería imposible sobrevivir al intercambio de sangre.

Luke

Eso es preocupante. Si los profesionales de salud no reconocen el problema, ¿cómo pueden abordarlo?

Mimi

Exactamente. Por eso Tumisi insiste en que los padres, los trabajadores comunitarios y cualquiera en primera línea debe estar alerta y educarse sobre los signos de alerta temprana.

  • Fiyi: uno de cada 60 adultos vive con VIH, comparado con uno de cada 167 hace cinco años
  • El bluetoothing implica inyectarse sangre contaminada para prolongar efectos de drogas
  • La OMS encontró solo 2 casos confirmados en 56 personas entrevistadas en diciembre
  • 570.000 personas murieron por causas relacionadas con VIH en 2025 a nivel mundial
  • La práctica se ha documentado en Lesoto, Zimbabue, Sudáfrica y Tanzania

Fiyi declaró emergencia nacional: uno de cada 60 adultos vive con VIH, comparado con uno de cada 167 hace cinco años. El 'bluetoothing' implica inyectarse sangre contaminada para prolongar el efecto de drogas, generando riesgo excepcionalmente alto de transmisión de VIH, hepatitis y otras infecciones.

Fiyi experimenta una epidemia de VIH de rápido crecimiento, con una de cada 60 personas infectadas. La práctica del 'bluetoothing'—inyectarse sangre de otros consumidores de drogas—agrava la crisis, aunque su magnitud exacta sigue siendo debatida.

Fiyi enfrenta una emergencia sanitaria sin precedentes. En menos de cinco años, la proporción de adultos que viven con VIH en el archipiélago del Pacífico se ha triplicado: de uno de cada 167 hace cinco años a uno de cada 60 en la actualidad. El país se ha convertido en el epicentro de una de las epidemias de VIH de más rápido crecimiento en el mundo, lo que obligó al gobierno a declarar una crisis nacional en enero de 2024. Mientras los sistemas de salud luchan por contener el brote, ha emergido una práctica que amplifica el riesgo: el "bluetoothing", una forma de consumo de drogas que consiste en inyectarse sangre de alguien que ya se ha inyectado sustancias, con la intención de prolongar o intensificar el efecto de la droga y ahorrar dinero.

La mecánica del bluetoothing es simple y devastadora. Un consumidor extrae sangre de otro que ya ha usado drogas intravenosas y se la inyecta a un tercero. Kalesi Volatabu, directora ejecutiva de Drug Free Fiji, describe lo que presenció: cinco o seis personas de pie, esperando recibir esa inyección. El efecto multiplicador es inmediato. Esas cinco personas pueden contagiar a otras cinco, y así sucesivamente. "Literalmente, solo con cinco, ya tienes de 25 a 30 personas. Y así de fácil es", explica Volatabu a la BBC. La práctica refleja una realidad más profunda: la pobreza es uno de los factores clave detrás de este comportamiento de riesgo extremo. En Fiyi, el acceso a equipo de inyección estéril para los consumidores de drogas ya era difícil; el bluetoothing representa un paso más allá en la desesperación.

Desde el punto de vista médico, el riesgo es excepcional. La Organización Mundial de la Salud advierte que esta práctica genera un "riesgo excepcionalmente alto" de transmitir no solo VIH, sino también hepatitis B y C, e infecciones bacterianas graves. El VIH se transmite a través de la sangre, y compartir sangre contaminada con drogas—frecuentemente también con agujas compartidas—crea un vector de transmisión casi perfecto. En 2024, el Ministerio de Salud de Fiyi reconoció explícitamente que el bluetoothing era uno de los factores impulsando el aumento de casos. En respuesta, anunció un programa de intercambio de jeringas y agujas como parte de su estrategia de contención.

Sin embargo, la magnitud exacta del problema sigue siendo debatida. Cuando la OMS realizó una evaluación rápida en diciembre del año pasado, entrevistó a 56 personas que se inyectaban drogas. Solo dos reportaron haber practicado bluetoothing directamente, mientras que cuatro dijeron haberlo presenciado. El informe concluyó que había "poca evidencia" de que la práctica estuviera generalizada. Pero Volatabu, quien inicialmente también fue escéptica, cambió de opinión cuando lo vio con sus propios ojos. Ella cree que el estigma y la vergüenza que rodean el consumo de drogas intravenoso han hecho que el gobierno de Fiyi sea reacio a abordar el tema públicamente. "Sabía que se avecinaba el tsunami", dice. "Quería evitar llegar a la situación en la que nos encontramos ahora."

El bluetoothing no es un fenómeno exclusivo de Fiyi. Se ha documentado en países africanos como Lesoto, Zimbabue y Sudáfrica. En Lesoto, que tiene la segunda tasa de prevalencia de VIH más alta del mundo, una organización llamada Mokhosi oa Mangoana—"El llanto de una madre"—intenta combatir la práctica. Ponto Tumisi, cuya hija pasó de ser una estudiante con excelentes calificaciones a consumidora de metanfetamina cristalina, explica que el bluetoothing ocurre cuando las personas quieren compartir una pequeña cantidad de drogas, sin importar si conocen sus grupos sanguíneos o qué enfermedades podrían transmitir. En Tanzania, se conoce como "flashblood". Eamonn Murphy, director regional de ONUSIDA, señala que aunque no se trata de una "tendencia global generalizada", estas prácticas menos conocidas podrían pasar desapercibidas en otros países.

La preocupación de Tumisi es que estos métodos nuevos de consumo de drogas podrían estar propagándose sin ser detectados. Advierte que quienes viven en primera línea del abuso de sustancias deben estar alertas e informarse sobre los signos de alerta temprana. "Si eres padre o madre, sin importar en qué parte del mundo te encuentres, eres un ser humano. Eso significa que estás en riesgo. Con la adicción a las drogas, puede pasar cualquier cosa", dice.

A nivel global, el VIH sigue siendo una amenaza significativa. Aproximadamente 41 millones de personas viven con el virus en todo el mundo, según ONUSIDA. En 2025, alrededor de 570.000 personas fallecieron por causas relacionadas con el VIH, un 73 por ciento menos que el pico registrado en 2004, gracias a los avances en la terapia antirretroviral. Sin embargo, la directora de ONUSIDA, Winnie Byanyima, advirtió que la suspensión de ayuda internacional por parte de la administración Trump provocaría 2.000 nuevas infecciones adicionales cada día y más de seis millones de muertes adicionales en los próximos cuatro años. Las nuevas infecciones aumentaron en tres regiones y 21 países en 2025, incluyendo Afganistán, Sri Lanka, Nepal, Kenia, Sudán, Brasil, Pakistán, Yemen, Egipto, Senegal y Filipinas. La crisis de Fiyi, amplificada por prácticas como el bluetoothing, es un recordatorio de que a pesar de los avances mundiales, el VIH y el SIDA siguen siendo amenazas que pueden salirse de control rápidamente cuando convergen la pobreza, el estigma y el acceso limitado a recursos de salud.

¿Cuántas vidas tenemos que perder antes de que realmente hagamos algo?
— Kalesi Volatabu, directora ejecutiva de Drug Free Fiji
Sabía que se avecinaba el tsunami. Quería evitar llegar a la situación en la que nos encontramos ahora.
— Kalesi Volatabu, sobre el estigma que impidió que el gobierno abordara el tema
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