BlackBerry, que alguna vez simbolizó el poder ejecutivo en la palma de la mano, atravesó su propia extinción y emergió transformada: ya no fabrica teléfonos, sino que protege empresas y guía automóviles. Su división QNX, presente en 275 millones de vehículos, encarna una lección antigua sobre la supervivencia: las compañías que no pueden ganar la batalla que conocen a veces descubren, en la derrota, el territorio donde verdaderamente pertenecen.