En la región gallega que produce casi un tercio del arroz europeo, un diseñador de cuatro décadas de trayectoria encontró en la cascarilla desechada no un residuo, sino una materia prima. David Camba fundó Birdmind en Pontevedra con la convicción de que los desperdicios de la tierra podían convertirse en los materiales con los que se construye el futuro. Lo que comenzó como exploración solitaria en horas libres es hoy una empresa industrial certificada que vende en varios países y recuerda que la innovación más profunda a veces nace de mirar con nuevos ojos lo que todos descartan.