En Colombia, la frontera entre lo digital y lo tradicional en materia financiera es, para quienes saben leerla, más tenue de lo que parece: las billeteras digitales reguladas operan bajo la misma supervisión de la Superintendencia Financiera y el mismo respaldo de Fogafín que cualquier banco convencional. Sin embargo, no todas las plataformas fintech comparten ese paraguas institucional, y esa distinción —invisible para muchos usuarios— determina si sus ahorros están protegidos o simplemente en tránsito sin garantías. La educación financiera emerge así no como un lujo pedagógico, sino como el