En el cruce entre el poder político y el conocimiento tecnológico, Bill Gates señala esta semana que Donald Trump comparte con la mayoría de la humanidad una comprensión incompleta de la inteligencia artificial — no como reproche singular, sino como diagnóstico colectivo. Mientras Gates aboga por una pausa reflexiva que permita a las sociedades adaptarse, Trump ve en la IA una carrera competitiva que Estados Unidos no puede permitirse perder. La distancia entre ambas visiones no es solo personal: refleja la tensión más profunda de nuestra era entre la velocidad del cambio tecnológico y la capa