Bill Gates, uno de los observadores más experimentados del cambio tecnológico, ha roto con su optimismo habitual para advertir que la inteligencia artificial avanza más rápido de lo que la sociedad comprende. Desde su perspectiva, el riesgo no reside en la tecnología misma, sino en la estrechez del debate que la rodea: un debate dominado por quienes la construyen, pero ausente de quienes deberán vivir con sus consecuencias. Su llamado no es a frenar el progreso, sino a ensanchar la conversación antes de que las decisiones más importantes ya estén tomadas.