En las calles de Montreal, un joven de diecinueve años detuvo el cronómetro en el momento exacto para inscribir su nombre en la historia del ciclismo español. Benjamín Noval, considerado el último niño prodigio de la disciplina en España, se proclamó campeón mundial júnior en contrarreloj, una prueba donde el tiempo no perdona y el talento no puede fingirse. Su victoria no es solo un resultado deportivo: es el anuncio de una generación que busca heredar el legado de las grandes ruedas ibéricas.