En un momento en que la economía venezolana convive con la dolarización de facto y la desconfianza en la moneda local, el Banco Central de Venezuela ha dado un paso inusual: a partir del 15 de septiembre de 2026, todos los depósitos bancarios —incluso las cuentas corrientes, históricamente estériles— comenzarán a generar rendimiento. La medida eleva las tasas mínimas de ahorro y plazo fijo en diez puntos porcentuales cada una, buscando que el bolívar recupere su atractivo como refugio de valor dentro del sistema financiero formal. Es, en esencia, un intento de reconquistar la confianza de los