Baterías de carros eléctricos dan luz a escuelas rurales en Valle del Cauca

Comunidades rurales sufren restricciones en educación, refrigeración de alimentos y servicios básicos debido a cortes de energía frecuentes y facturas de hasta COP 1.600.000 mensuales.
La escuela es la única que queda con energía en la zona rural
Mientras familias circundantes sufren cortes frecuentes, la institución educativa brilla de noche gracias a paneles solares con baterías reutilizadas.
Mark

¿Por qué estas comunidades enfrentan facturas tan altas si son zonas rurales?

Mimi

La geografía juega un papel importante. Tienda Nueva está en una zona donde llueve mucho, lo que causa cortes frecuentes. Además, la infraestructura de distribución en zonas rurales es más cara de mantener, y esos costos se trasladan a los usuarios.

Luke

Pero el artículo no explica realmente por qué una casa rural con electrodomésticos básicos paga 1.600.000 pesos mensuales. ¿Es un problema de tarificación injusta, o hay algo más en la estructura de costos que no se detalla?

Mark

¿Qué tan viable es realmente reutilizar baterías de autos eléctricos a escala?

Mimi

Por ahora, es muy limitado. Volvo tiene una sola batería disponible, y el proceso de análisis y repotenciación es costoso. Pero el mercado de vehículos eléctricos está creciendo rápidamente en Colombia, así que en el futuro habrá más baterías disponibles.

Luke

El artículo dice que las baterías duran entre 10 y 20 años, pero no especifica cuándo empezarán a llegar en cantidad significativa. Es una esperanza, pero no una solución inmediata para la pobreza energética rural.

Mark

¿Qué cambió realmente en la vida de estas comunidades?

Mimi

En el comedor comunitario, ahora pueden conservar alimentos frescos sin interrupciones. En la escuela, los maestros pueden usar computadores y equipos educativos sin restricciones. Son cambios concretos en la calidad de vida.

Luke

Pero solo para dos instituciones. Las familias alrededor siguen pagando facturas altas y sufriendo cortes. El proyecto es un éxito local, pero no resuelve el problema estructural de la pobreza energética rural.

Mark

¿Qué espera ahora la comunidad?

Mimi

Que el Estado y la empresa de electricidad ofrezcan alternativas similares, como paneles solares subsidiados. La líder del comedor ha pedido soluciones, pero no ha recibido respuesta.

Luke

El artículo menciona que buscaron a Celsia, la empresa de servicios, pero no respondió. Eso deja abierta la pregunta de si hay una falta de voluntad política o simplemente una falta de recursos para expandir estas soluciones.

  • Facturas de hasta 1.600.000 pesos mensuales y cortes provocados por tormentas dejaban a familias, maestros y cocineras comunitarias en la oscuridad durante semanas enteras.
  • Un comedor que alimenta a cincuenta personas operaba sin refrigeración confiable, y una escuela rural no podía encender un solo computador pese a tenerlos disponibles.
  • La alianza entre Dynamo y Volvo Cars convirtió una batería de entrenamiento técnico —destinada al reciclaje— en el corazón de un sistema solar que hoy entrega energía las 24 horas del día.
  • El maestro Wilmer Morales Velasco confirma que las aulas ya funcionan con electricidad continua, y la líder del comedor puede conservar carnes y alimentos perecederos sin interrupciones.
  • Sin embargo, decenas de familias vecinas siguen pagando facturas prohibitivas y sufriendo cortes, mientras el Estado no ha respondido a sus solicitudes de alternativas energéticas.
  • El proyecto depende por ahora de una sola batería reutilizada; la expansión real exigirá voluntad estatal y un mercado de vehículos eléctricos lo suficientemente maduro para generar más unidades disponibles.

En los corregimientos rurales del Valle del Cauca, donde las tormentas y las facturas impagables apagaban la luz durante semanas, dos comunidades encontraron en las baterías desechadas de autos eléctricos una respuesta inesperada a una deuda histórica: el acceso a la energía. Una alianza entre empresa privada, voluntad comunitaria y tecnología de segunda vida ilumina ahora una escuela y un comedor, recordándonos que la transición energética global puede, si se lo proponemos, alcanzar también a quienes siempre quedaron al margen.

En dos corregimientos del Valle del Cauca, la electricidad era un lujo inestable: las tormentas rompían las líneas en las montañas y las facturas —que podían superar el millón y medio de pesos al mes— dejaban a comunidades enteras sin servicio durante semanas. En Tienda Nueva, un comedor comunitario que alimenta a cincuenta personas funcionaba sin poder garantizar la cadena de frío. En la escuela rural La Selva de Ginebra, los maestros dictaban clases sin encender los computadores que ya tenían. Las aulas se habían vuelto pasivas.

La solución llegó desde la iniciativa privada. Un sacerdote identificó la necesidad y convocó a empresarios dispuestos a actuar. La empresa Dynamo, especializada en energía solar, se unió a Volvo Cars, que tenía una batería usada para capacitar a sus técnicos en Colombia. Cuando esa batería dejó de servir para la formación, en lugar de reciclarla, decidieron darle una segunda vida: alimentar paneles solares en comunidades rurales sin acceso confiable a la red eléctrica.

El contexto importa. Colombia vendió más de 33.000 vehículos eléctricos en apenas ocho meses de 2026, superando todo lo vendido entre 2012 y 2025. A medida que estas flotas crecen, sus baterías envejecen: cuando pierden entre el 20 y el 30 por ciento de su capacidad, se reemplazan en los vehículos, pero aún pueden funcionar en aplicaciones de menor exigencia. Darles una segunda vida requiere análisis costosos, pero cuando funciona, el impacto es inmediato y concreto.

Hoy, el maestro Wilmer Morales Velasco tiene fluido eléctrico las 24 horas. Los estudiantes usan computadores. La cocina escolar opera sin restricciones. En Tienda Nueva, la líder del comedor conserva carnes y organiza actividades culturales sin temor a que la luz se vaya. Pero afuera, decenas de familias vecinas siguen en la oscuridad: una mujer que vive con una nevera, un televisor y una lavadora paga más de 270.000 pesos cada dos meses y no ha recibido respuesta del Estado ni de la empresa eléctrica. La escuela brilla de noche, sola, como una promesa que todavía no alcanza a todos.

En dos corregimientos rurales del Valle del Cauca, la lluvia y las facturas de electricidad que alcanzaban los 1.600.000 pesos mensuales dejaban a las comunidades sin luz semanas enteras. Cuando no era el impago lo que cortaba el servicio, eran las tormentas que desgarraban las líneas de conexión en las montañas. En Tienda Nueva, un comedor comunitario que alimenta a cincuenta personas cada semana funcionaba en la oscuridad, con dos neveras y un congelador que no podían mantener los alimentos frescos. A pocos kilómetros de distancia, en la escuela rural La Selva de Ginebra, los maestros dictaban clases sin poder encender un computador ni usar los equipos que la institución poseía. Las aulas se volvieron pasivas, sin dinamismo, porque la energía no llegaba.

La solución vino de una iniciativa privada. Un sacerdote identificó la necesidad y varios empresarios decidieron apoyar un proyecto: instalar paneles solares que almacenaran energía en baterías reutilizadas de vehículos eléctricos e híbridos. La empresa Dynamo, especializada en proyectos de energía solar, se asoció con Volvo Cars para hacerlo realidad. Volvo tenía una batería que había usado para entrenar a sus técnicos en el funcionamiento y reparación de motores eléctricos en Colombia. Cuando esa batería dejó de servir para capacitación, en lugar de reciclarla, decidieron darle una segunda vida en las comunidades rurales.

La transición hacia vehículos eléctricos está acelerándose en el país. Durante 2026, Colombia vendió más de 33.000 vehículos eléctricos en apenas ocho meses, superando el total de poco más de 20.000 unidades vendidas entre 2012 y 2025. Los híbridos, que combinan motores eléctricos con gasolina, también crecen: este año se vendieron 63.270 unidades, un 62 por ciento más que el año anterior. Estos vehículos utilizan baterías cada vez más potentes, lo que requiere cantidades crecientes de litio, un mineral que ya empieza a escasear globalmente según la Agencia Internacional de Energía. Por eso los investigadores hablan de la necesidad de una economía circular para las baterías: cuando un vehículo eléctrico llega a un 70 u 80 por ciento de su capacidad, la batería se reemplaza, pero aún puede funcionar en aplicaciones que requieran menos potencia.

Darle una segunda vida a estas baterías no es simple. Requiere análisis computarizados costosos que determinen qué está fallando exactamente, cómo repotenciar las secciones que aún funcionan, e incluso cómo dividirla para diferentes usos. Pero cuando funciona, el impacto es inmediato. En Tienda Nueva, la líder del comedor comunitario ahora puede conservar carnes y otros alimentos que necesitan refrigeración. Las actividades culturales y comunitarias en el salón comunal ya no están limitadas por los cortes de luz. En la escuela La Selva, el maestro Wilmer Morales Velasco reporta que tienen fluido eléctrico las 24 horas del día, lo que permite usar computadores en las aulas y electrodomésticos en la cocina escolar sin restricciones.

Pero el proyecto apenas está en sus primeros pasos. Volvo y Dynamo tienen disponible una sola batería reutilizada, que ha alimentado varios sistemas de almacenamiento solar. El mercado de vehículos eléctricos en Colombia es todavía joven, y las baterías pueden durar entre 10 y 20 años, así que esperan que en el futuro haya más disponibles para expandir la iniciativa. Lo que preocupa ahora es que alrededor de la escuela y el comedor, decenas de familias siguen sufriendo cortes de energía y facturas prohibitivas. En Tienda Nueva, una mujer que vive con una nevera, un televisor y una lavadora paga facturas bimensuales de más de 270.000 pesos. Ella ha pedido al Estado y a la empresa de electricidad que ofrezcan alternativas, pero no ha recibido respuesta. Mientras tanto, la escuela brilla de noche, la única con luz en una zona donde la mayoría sigue en la oscuridad.

Cuando la luz se va, ahora la escuela es la única que queda con energía
— Wilmer Morales Velasco, docente de la escuela rural La Selva
Ahora es más fácil conservar las carnes y otros alimentos que necesitan refrigerarse
— Líder del comedor comunitario de Tienda Nueva
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