Barcelona y 27 municipios metropolitanos han decidido esta semana que el espacio destinado al automóvil ya no puede ser una constante universal, sino una variable que responde a la geografía del transporte y a la urgencia de la vivienda. La nueva normativa, que reemplaza medio siglo de planeamiento urbano, gradúa los requisitos de aparcamiento según la proximidad al transporte público, reconociendo que no todos los territorios viven la misma relación con el coche privado. Detrás de los números y las zonas late una pregunta más profunda: ¿qué merece más espacio en la ciudad que construimos, el