En un mundo donde las tensiones geopolíticas y la fragilidad económica se entrelazan, el Banco Central de Chile optó el 8 de septiembre por la prudencia: mantener su tasa de interés en 4,5 por ciento. La decisión, unánime, refleja la conciencia de que ni el conflicto entre Estados Unidos e Irán, ni la desaceleración interna, ni el desempleo creciente permiten aún el lujo de la relajación monetaria. Chile, como tantas economías en este momento histórico, navega entre la espera de una recuperación prometida y la sospecha de que el camino podría ser más largo de lo que los modelos anticipan.