Baldosas magnéticas autoensamblables podrían levantar los hábitats espaciales del futuro

Algo mucho más grande que el cohete en el que fueron transportadas
Ariel Ekblaw describe lo que lograrían las baldosas TESSERAE al autoensamblarse en órbita.
Mark

¿Qué hace distinta a TESSERAE frente a las estructuras inflables?

Mimi

Que no se expande: se ensambla. Las baldosas viajan apiladas y, en órbita, se acoplan solas con imanes, cámaras e inteligencia artificial hasta formar una forma predeterminada.

Mark

¿Y qué ventaja práctica tiene eso?

Mimi

Que se puede reconfigurar. Ariel Ekblaw dice que se retiran piezas y se añaden otras. Sandra Häuplik-Meusburger señala que algo construido hoy podría servir para un uso distinto en 20 años.

Luke

Conviene separar lo probado de lo prometido. ¿Qué se ha demostrado hasta ahora?

Mimi

Pruebas a pequeña escala dentro de la EEI en 2020 y 2022, con piezas de unos pocos centímetros. Entre diciembre y enero se probará la versión con cámaras, que debería formar una esfera.

Luke

Es decir, todavía nadie ha presurizado una estructura así ni vivido en ella. Eso es una posibilidad descrita, no un resultado.

Mimi

Exacto. Y la demostración exterior de Rendezvous Robotics, en 2028, será una estructura plana, no un hábitat.

Mark

¿Qué papel juega el dinero?

Mimi

La empresa anunció US$ 20 millones el 28 de octubre. Los primeros usos que menciona Ekblaw son antenas y paneles solares.

Luke

Los centros de datos para IA en el espacio son una aspiración de Ekblaw, no un plan con fecha. Y la "fiebre del oro" es una impresión de una investigadora, no una cifra.

  • Una esfera de piezas que nunca se han unido por sí solas se prepara para ensamblarse dentro de la Estación Espacial Internacional entre diciembre y enero.
  • El problema de fondo es duro: el cohete es pequeño y las ambiciones de hábitats, antenas y bases lunares crecen cada año.
  • Cámaras en los bordes, imanes electropermanentes e inteligencia artificial deben coordinarse para que las piezas encuentren su forma sin ayuda humana.
  • Rendezvous Robotics, con 20 millones de dólares recién obtenidos, busca llevar las piezas de 30 a 90 centímetros al exterior de la estación en 2028.
  • Los primeros usos previstos son antenas de telecomunicaciones y paneles solares, mientras la visión de hábitats habitables sigue siendo un horizonte lejano.

En un momento en que la humanidad se prepara para habitar el espacio con más permanencia, un grupo de investigadores del MIT y del Aurelia Institute busca resolver una vieja limitación: todo lo que se envía a órbita cabe dentro de un cohete. Su propuesta, las baldosas TESSERAE, imagina que las piezas viajen apiladas y que, una vez liberadas, se reconozcan y se unan solas hasta formar estructuras mucho mayores que el vehículo que las transportó. Es un intento de que construir en el espacio deje de depender por completo de traer cada componente desde la Tierra.

Entre diciembre y enero, dentro de la Estación Espacial Internacional, un conjunto de piezas de pocos centímetros intentará unirse por sí solo hasta formar una esfera, quizás del tamaño de una pelota de playa gigante. Cada pieza lleva cámaras en sus bordes para reconocer a las demás durante el ensamblaje. Es la nueva versión de TESSERAE, baldosas magnéticas que buscan resolver un problema práctico: cómo construir en el espacio algo mucho mayor que el cohete que lo lleva.

Las baldosas fueron ideadas por Ariel Ekblaw durante su doctorado en el MIT. Apiladas dentro de un cohete, se liberan en el espacio y, gracias a imanes electropermanentes, cámaras e inteligencia artificial, se acoplan hasta adoptar una forma predeterminada. Luego la estructura puede presurizarse para que las personas vivan en su interior. Ekblaw, hoy al frente del Aurelia Institute, lo resume así: pueden autoensamblarse en algo mucho más grande que el cohete que las llevó.

La iniciativa se inscribe en una carrera por habitar el espacio, con estaciones en desarrollo, una base lunar planificada y ambiciones marcianas. Otras empresas ya exploran estructuras inflables que ocupan poco volumen, y agencias y países estudian ladrillos hechos con polvo de meteoritos o regolito lunar. La arquitecta Sandra Häuplik-Meusburger recuerda que los desafíos son muchos: protegerse de la radiación, transportar materiales y diseñar espacios que sirvan a largo plazo. Una arquitectura adaptable, en ese sentido, puede reconfigurarse y tener dentro de dos décadas un uso muy distinto al original.

El siguiente paso comercial corre a cargo de Rendezvous Robotics, derivada del Aurelia Institute, que acaba de anunciar 20 millones de dólares en financiación. Su primera demostración exterior está prevista para 2028, expuesta al duro entorno del espacio, y los primeros usos realistas serían antenas y paneles solares. Los hábitats completos llegarán después, en un futuro que todavía se construye pieza a pieza.

Entre diciembre y enero, dentro de la Estación Espacial Internacional, un conjunto de piezas de pocos centímetros intentará algo que nunca ha hecho: unirse por sí solo hasta formar una esfera, quizás del tamaño de una pelota de playa gigante. Cada pieza lleva cámaras en sus bordes que le permiten "verse" con las demás durante el ensamblaje. Es la nueva versión de TESSERAE, baldosas magnéticas autoensamblables que buscan resolver un problema práctico: cómo construir en el espacio algo mucho más grande que el cohete que lo lleva.

Las baldosas las inventó Ariel Ekblaw durante su doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Se apilan dentro de un cohete y se liberan en el espacio, donde, mediante imanes electropermanentes, cámaras e inteligencia artificial, se acoplan de forma autónoma hasta dar con una forma predeterminada. Una vez unida, la estructura puede presurizarse para que los seres humanos vivan en su interior. "Pueden autoensamblarse para formar algo mucho más grande que el cohete en el que fueron transportadas", explicó Ekblaw, hoy fundadora y CEO del Aurelia Institute, un laboratorio sin fines de lucro de investigación y desarrollo en arquitectura espacial donde se han perfeccionado. Su nombre completo es Tessellated Electromagnetic Space Structures for the Exploration of Reconfigurable, Adaptive Environments.

El contexto es el de una carrera por habitar el espacio, con una nueva estación en desarrollo, una base planificada en la Luna y quienes aspiran a vivir en Marte. La Estación Espacial Internacional se armó a partir de finales de la década de 1990 con decenas de misiones, que llevaron los componentes pieza por pieza a la órbita terrestre baja, con brazos robóticos y astronautas en caminatas espaciales. Desde entonces, varias empresas buscan estructuras que ocupen el mínimo espacio en el cohete. En 2016, Bigelow Aerospace envió una estructura inflable a la EEI, que se infló con 25 breves ráfagas de aire a lo largo de 7 horas y sigue acoplada. Sierra Space prueba un hábitat inflable de tres niveles, y a principios de este año Max Space, aliada de Voyager Technologies, presentó módulos habitacionales expandibles. Su cofundador y CEO, Saleem Miyan, dijo a Space.com que se necesitan infraestructuras escalables, diseñadas para cómo vivirán realmente los humanos fuera de la Tierra.

Otros intentan reducir o eliminar el transporte de materiales. Científicos de la Agencia Espacial Europea han explorado fabricar ladrillos tipo LEGO con polvo de meteoritos, y China investiga ladrillos de regolito lunar. La arquitecta e investigadora espacial Sandra Häuplik-Meusburger, de la Universidad Técnica de Viena, explicó a CNN que los desafíos son numerosos: proteger a las personas de la radiación, transportar materiales y diseñar espacios que funcionen a largo plazo para distintos tipos de personas. Una arquitectura adaptable como TESSERAE, dijo, permite construir algo que dentro de 20 años podría tener un uso completamente distinto.

Esa capacidad de reconfiguración es, según Ekblaw, una de las innovaciones clave: se pueden retirar algunas piezas y añadir otras para cambiar la estructura. Y el interés va más allá de los hábitats. Algunas startups estudian centros de datos y parques solares en el espacio, con luz solar las 24 horas, y otras quieren trasladar la manufactura fuera del planeta. "Es como una fiebre del oro", comentó Häuplik-Meusburger, por el gran interés de actores muy diversos.

TESSERAE ya se probó a pequeña escala a bordo de la EEI en 2020 y 2022, con piezas de unos pocos centímetros de ancho. El siguiente paso comercial lo dará Rendezvous Robotics, empresa derivada del Aurelia Institute que ayudará a comercializar la tecnología; Ekblaw es su cofundadora y presidenta de la junta. El 28 de octubre anunció que obtuvo US$ 20 millones en financiación. Sus piezas usan electroimanes y miden de 30 a 90 centímetros, y la empresa trabaja en hacerlas más grandes.

Su primera demostración está prevista para 2028, en el exterior de la EEI, expuesta al hostil entorno espacial: varias piezas deberán autoensamblarse en una estructura plana. Aún falta tiempo para grandes infraestructuras. Según Ekblaw, los primeros usos realistas serían grandes antenas de telecomunicaciones y paneles solares; más adelante, quizás centros de datos para inteligencia artificial en el espacio y, en definitiva, cualquier infraestructura de gran envergadura.

Pueden autoensamblarse para formar algo mucho más grande que el cohete en el que fueron transportadas.
— Ariel Ekblaw, fundadora y CEO del Aurelia Institute
Es como una fiebre del oro.
— Sandra Häuplik-Meusburger, Universidad Técnica de Viena
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