Baldosas magnéticas autoensamblables podrían levantar los hábitats espaciales del futuro

Estructuras que se arman solas, más grandes que el cohete que las llevó
Ekblaw describe el potencial de TESSERAE, que se probará en la EEI entre diciembre y enero.
Mark

Entonces, ¿qué hace distintas a estas baldosas frente a un módulo inflable?

Mimi

Que se ensamblan solas. Imanes electropermanentes, cámaras e inteligencia artificial las acoplan en órbita hasta dar la forma prevista, y luego la estructura se presuriza.

Mark

¿Y qué se probará ahora?

Mimi

Entre diciembre y enero, dentro de la EEI, piezas con cámaras en los bordes intentarán formar una esfera, quizás del tamaño de una pelota de playa gigante.

Luke

Conviene medir la escala. Las pruebas de 2020 y 2022 usaron piezas de unos pocos centímetros, y la esfera aún no se ha logrado. Todo lo demás es proyección.

Mark

Pero hay dinero detrás.

Mimi

Rendezvous Robotics anunció US$ 20 millones el 28 de octubre. Sus piezas miden de 30 a 90 centímetros y quiere una demostración exterior en 2028.

Luke

Esa fecha es un plan de la empresa, no un hecho. Y esa demostración sería una estructura plana, no un hábitat habitable.

Mark

¿Entonces para qué servirá primero?

Mimi

Según Ekblaw, para grandes antenas de telecomunicaciones y paneles solares. Lo de los centros de datos sería más adelante.

Luke

Y es su valoración. Ekblaw es además cofundadora de la empresa, algo a tener presente al leer sus pronósticos.

Mimi

Aun así, Häuplik-Meusburger, que es independiente, destaca el valor de poder reconfigurar la estructura dentro de 20 años.

  • Entre diciembre y enero, las baldosas TESSERAE intentarán por primera vez ensamblarse dentro de la Estación Espacial Internacional hasta formar una esfera.
  • Cada pieza lleva cámaras y electroimanes que deben reconocerse entre sí sin intervención humana directa, un reto donde cualquier fallo puede frustrar la prueba.
  • Rendezvous Robotics, con US$ 20 millones recién obtenidos, prepara piezas de 30 a 90 centímetros y una demostración exterior en 2028.
  • Mientras la carrera espacial por hábitats, fábricas y centros de datos se acelera, las primeras aplicaciones realistas apuntan a antenas y paneles solares.

En el silencio de la órbita terrestre, una tecnología que imita el modo en que se unen las piezas de un mosaico busca cambiar la forma en que la humanidad construye su presencia fuera del planeta. Investigadores del MIT y del Aurelia Institute diseñan baldosas que, liberadas desde un cohete, se reconocen, se acoplan y forman por sí solas una estructura capaz de albergar vida. Es un intento de abandonar la paciencia costosa de montar cada pieza a mano y de imaginar hábitats que crezcan, se transformen y sirvan a usos que aún no existen. Todavía se trata de un camino en sus primeros pasos, pero marca una inclinación nueva: construir en el espacio como quien compone un mosaico vivo.

Entre diciembre y enero, dentro de la Estación Espacial Internacional, una nueva versión de unas baldosas magnéticas intentará algo que nunca ha logrado: unirse sola hasta formar una esfera, quizás del tamaño de una pelota de playa gigante. Cada pieza llevará cámaras en sus bordes para reconocer a las demás durante el proceso.

La tecnología, llamada TESSERAE, fue concebida por Ariel Ekblaw durante su doctorado en el MIT. La idea es lanzar las piezas apiladas en un cohete y liberarlas en el espacio, donde imanes, cámaras e inteligencia artificial las guían hasta formar una estructura que luego puede presurizarse para que personas vivan en ella. Ekblaw, hoy en el Aurelia Institute, asegura que pueden crear algo mucho mayor que el cohete que las transportó.

El contraste con el método actual es notable. La ISS requirió décadas de misiones para montar sus componentes con brazos robóticos y astronautas en caminatas espaciales. Otras empresas exploran hábitats inflables o expandibles, y científicos estudian ladrillos hechos de polvo de meteoritos o regolito lunar. La arquitecta Sandra Häuplik-Meusburger resume el reto: proteger de la radiación, transportar materiales y diseñar espacios que sirvan durante años. Por eso, TESSERAE permite retirar y añadir piezas para reconfigurar la estructura.

Las pruebas hasta ahora han sido modestas, con piezas de apenas unos centímetros en 2020 y 2022. Rendezvous Robotics, nacida del Aurelia Institute, buscará llevar la tecnología al exterior de la estación en 2028, con varias piezas uniéndose en una estructura plana. Los primeros usos reales serían antenas y paneles solares; más adelante, quizá centros de datos espaciales. Por ahora, lo que viene es la esfera en la ISS, y después la prueba en el vacío.

Entre diciembre y enero, dentro de la Estación Espacial Internacional, una nueva versión de unas baldosas magnéticas intentará algo que hasta ahora no ha logrado: ensamblarse sola hasta formar una esfera, quizás del tamaño de una pelota de playa gigante. Cada pieza llevará cámaras en sus bordes para "verse" con las demás durante el proceso. Es la prueba más inmediata de TESSERAE, una tecnología pensada para construir hábitats en el espacio.

TESSERAE, siglas en inglés de Estructuras espaciales electromagnéticas en mosaico para la exploración de entornos adaptables y reconfigurables, fue inventada por Ariel Ekblaw durante su doctorado en el MIT. La idea es apilar las baldosas dentro de un cohete y liberarlas en el espacio. Allí, con imanes electropermanentes, cámaras e inteligencia artificial, se acoplan por sí solas hasta formar una estructura con una forma predeterminada, que luego puede presurizarse para que vivan personas en su interior. Ekblaw, hoy fundadora y directora ejecutiva del Aurelia Institute, un laboratorio sin fines de lucro de investigación y desarrollo de arquitectura espacial donde se perfeccionaron las piezas, dice que pueden formar algo mucho más grande que el cohete que las transportó.

El contraste con el método actual es grande. La Estación Espacial Internacional exigió decenas de misiones desde finales de los años noventa: los cohetes llevaron los componentes pieza por pieza a la órbita terrestre baja, y brazos robóticos y astronautas en caminatas espaciales los montaron. En los últimos años varias empresas han buscado estructuras que ocupen el mínimo espacio en el cohete. Bigelow Aerospace envió en 2016 una estructura inflable a la EEI, que se infló con 25 breves ráfagas de aire a lo largo de 7 horas y sigue acoplada. Sierra Space prueba un hábitat inflable de tres niveles, y Max Space, aliada de Voyager Technologies, presentó este año módulos habitacionales expandibles. Su cofundador y CEO, Saleem Miyan, dijo a Space.com que se necesitan infraestructuras escalables, diseñadas para cómo vivirán realmente los humanos fuera de la Tierra.

Otros atacan el problema desde el material. Científicos de la Agencia Espacial Europea han explorado fabricar ladrillos tipo LEGO con polvo de meteoritos, y China investiga ladrillos de regolito lunar. La arquitecta e investigadora espacial Sandra Häuplik-Meusburger, de la Universidad Técnica de Viena, explicó a CNN que los desafíos van desde proteger a las personas de la radiación y transportar materiales hasta diseñar espacios funcionales a largo plazo para distintos tipos de personas. Una arquitectura adaptable como TESSERAE, añadió, permite construir algo que dentro de 20 años podría tener un uso completamente distinto. Ekblaw lo confirma: se pueden retirar piezas y añadir otras para reconfigurar la estructura.

El interés no se limita a las viviendas. Algunas startups estudian instalar centros de datos y parques solares en el espacio, con luz solar las 24 horas; otras quieren trasladar la manufactura fuera del planeta. Häuplik-Meusburger lo describe como una fiebre del oro, con gran interés de actores muy diversos.

Las pruebas de TESSERAE han sido hasta ahora modestas. En 2020 y 2022 se probaron a bordo de la EEI piezas de apenas unos centímetros de ancho. Después de la esfera de este invierno, el siguiente paso corresponde a Rendezvous Robotics, empresa derivada del Aurelia Institute que ayudará a comercializar la tecnología. El 28 de octubre anunció que obtuvo US$ 20 millones en financiación. Sus piezas actuales usan electroimanes y miden entre 30 y 90 centímetros, y la compañía trabaja para hacerlas más grandes. Ekblaw, cofundadora y presidenta de su junta directiva, explicó que planea una primera demostración en 2028 en el exterior de la EEI, en pleno entorno espacial hostil, con varias piezas ensamblándose en una estructura plana.

Las grandes infraestructuras aún quedan lejos. Según Ekblaw, los primeros usos realistas serían grandes antenas para telecomunicaciones y paneles solares. Más adelante, dijo, podrían contribuir a futuros centros de datos de inteligencia artificial en el espacio y, en definitiva, a cualquier infraestructura de gran envergadura. Lo que viene primero es la esfera de la EEI, y después la prueba exterior de 2028.

Pueden autoensamblarse para formar algo mucho más grande que el cohete en el que fueron transportadas.
— Ariel Ekblaw, fundadora y CEO del Aurelia Institute
Es como una fiebre del oro.
— Sandra Häuplik-Meusburger, Universidad Técnica de Viena
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