Después de los 60, el cuerpo busca movimiento que pueda sostener, no solo soportar. La ciencia confirma lo que la intuición ya sabía: bailar en casa activa el corazón, afina el equilibrio y protege la mente con la misma eficacia que disciplinas diseñadas para el entrenamiento formal. Lo que distingue al baile no es solo lo que entrena, sino que la gente regresa a él porque lo disfruta, y en la constancia reside buena parte del beneficio.