En un momento en que las instituciones multilaterales buscan liderazgos capaces de restaurar la confianza global, Michelle Bachelet persiste en su candidatura a la Secretaría General de la ONU, apostando por una visión preventiva y humanista frente a un mundo que reacciona tarde ante sus propias crisis. Su determinación, sin embargo, choca con la geometría invisible del poder internacional: presiones desde Washington, silencios elocuentes de aliados clave y vientos adversos que recuerdan que los grandes cargos no se ganan solo con ideas, sino también con equilibrios geopolíticos.