En el silencio entre las estrellas, un equipo de científicos españoles ha encontrado azúcar interestelar con la capacidad de convertirse en un componente del ADN, la molécula que sostiene la vida. El hallazgo no prueba que la vida viaje por el cosmos ni que exista en otros mundos, pero sí desplaza una frontera conceptual profunda: los ingredientes de la existencia biológica parecen ser productos naturales del universo, no accidentes excepcionales. La pregunta ya no es si el cosmos puede fabricar los ladrillos de la vida, sino cuántas veces y en cuántos lugares lo está haciendo en este momento.