Desde Washington llega una nueva advertencia financiera que amenaza con sancionar a quienes mantengan lazos económicos con Irán, pero para España esa amenaza cae sobre un comercio que ya fue casi destruido en 2018, cuando la salida estadounidense del acuerdo nuclear redujo en un 90% una relación que superaba los 2.500 millones de euros. Lo que queda —azafrán, maquinaria, acuerdos de itinerancia— es apenas el rastro de lo que fue. La pregunta que plantea este momento no es si España comercia con Irán, sino si las potencias pueden sancionar incluso la memoria de un vínculo.