En enero de 1972, una explosión destruyó en pleno vuelo el avión en que viajaba Vesna Vulović, azafata yugoslava de 22 años, lanzándola desde más de diez kilómetros de altura sobre los bosques nevados de lo que hoy es Serbia. De las 28 personas a bordo, solo ella sobrevivió, no por milagro sino por una confluencia casi inconcebible de física, geografía y biología. Su historia permanece en los registros mundiales como testimonio de cuán delgada puede ser la línea entre el azar y la extinción.
Azafata yugoslava sobrevivió a caída de 10.160 metros sin paracaídas en 1972
27 personas murieron en el accidente; Vesna Vulović fue la única sobreviviente entre 28 pasajeros y tripulantes a bordo.