Ayacucho registra 63 casos de dengue, aumento del 200% frente a 2025

63 personas infectadas con dengue en Ayacucho hasta agosto de 2026, con tendencia de aumento interanual.
La prevención requiere que familias, comunidades y municipios trabajen juntos
Gisela Sulca Jayo subraya que el control del dengue no es solo responsabilidad estatal.
Mark

¿Por qué Ayacucho específicamente? ¿Hay algo en el territorio que lo hace más vulnerable?

Mimi

El VRAEM es una zona de difícil acceso, con comunidades dispersas y servicios de salud limitados. Cuando el dengue llega, se propaga sin los controles que existen en ciudades más conectadas.

Mark

Mencionas que los casos bajaron en las últimas dos semanas. ¿Eso significa que lo peor pasó?

Mimi

No necesariamente. Esa baja podría ser estacional o reflejo de las acciones preventivas. Pero septiembre trae las lluvias, y eso cambia todo. El mosquito necesita agua para reproducirse.

Mark

¿Qué tan realista es esperar que las familias participen en la prevención cuando hay tantas otras urgencias?

Mimi

Es el punto débil. La prevención requiere disciplina cotidiana: limpiar recipientes, eliminar agua estancada. En zonas pobres, eso compite con hambre, educación, seguridad. Por eso el Estado debe estar presente.

Mark

¿Hay algo que distinga este brote de otros años?

Mimi

El aumento del 200 por ciento es significativo. Sugiere que el virus encontró condiciones nuevas o que la población tiene menos inmunidad. Ambas son preocupantes para lo que viene.

Mark

¿Qué pasaría si la temporada de lluvias llega y los casos explotan de nuevo?

Mimi

El sistema de salud en Ayacucho ya está bajo presión. Más casos significarían más hospitalizaciones, más demanda de recursos que ya son escasos. Por eso la vigilancia ahora es crítica.

  • Ayacucho registra 63 casos de dengue en 2026, tres veces más que los 21 documentados en el mismo período de 2025, una aceleración que encendió las alarmas sanitarias de la región.
  • La Red de Salud San Francisco y los distritos del VRAEM concentran la mayor parte de los contagios, exponiendo la vulnerabilidad de comunidades alejadas con acceso limitado a servicios de salud.
  • En las dos semanas previas al 8 de agosto se observó una desaceleración en los nuevos casos, una señal alentadora pero frágil que las autoridades no se atreven a celebrar.
  • Equipos sanitarios recorren comunidades eliminando criaderos del mosquito y capacitando a familias, mientras la coordinadora regional advierte que la prevención exige la participación activa de municipios, hogares y establecimientos de salud.
  • La temporada de lluvias, que comenzará en septiembre y se extenderá hasta abril, amenaza con revertir los avances al crear condiciones ideales para la proliferación del Aedes aegypti.

En Ayacucho, sesenta y tres personas han contraído dengue en lo que va de 2026, triplicando los casos del mismo período del año anterior. Este salto del 200 por ciento no es solo una estadística: es el reflejo de una región que convive con la fragilidad de sus condiciones climáticas y sanitarias, especialmente en los valles más remotos del VRAEM. Las autoridades actúan, pero saben que la verdadera prueba llegará con las lluvias de septiembre, cuando la naturaleza vuelve a inclinar la balanza a favor del mosquito.

Ayacucho atraviesa en 2026 una de sus temporadas de dengue más preocupantes en años recientes. Hasta agosto, sesenta y tres personas habían sido infectadas, una cifra que triplica los veintiún casos registrados en el mismo período de 2025. El incremento del 200 por ciento no pasó desapercibido para las autoridades sanitarias, que identificaron en la Red de Salud San Francisco y en los distritos del VRAEM los focos más activos de contagio.

Gisela Sulca Jayo, coordinadora de vigilancia de enfermedades transmitidas por vectores en la Dirección Regional de Salud, reconoció un dato esperanzador: en las dos últimas semanas antes del corte del 8 de agosto, la velocidad de nuevos contagios había comenzado a ceder. Pero la cautela prevalece. Los equipos de salud continúan recorriendo comunidades para eliminar criaderos del mosquito y desarrollar campañas educativas que involucren a las familias en la prevención.

Sulca Jayo fue enfática en señalar que contener el dengue no es tarea exclusiva del Estado: municipios, hogares y establecimientos de salud deben actuar de manera coordinada para que los esfuerzos institucionales tengan alcance real. El horizonte más inmediato genera inquietud: la temporada de lluvias llegará en septiembre y se prolongará hasta abril, meses en que el Aedes aegypti encuentra las condiciones perfectas para multiplicarse. La pausa en los contagios podría ser solo un respiro antes de una nueva ola.

En las primeras semanas de agosto, Ayacucho enfrentaba una situación sanitaria que no podía ignorarse. Sesenta y tres personas habían contraído dengue en lo que iba del año, una cifra que triplicaba los contagios registrados en el mismo período de 2025, cuando apenas se habían documentado veintiuno. El salto era abrupto: un incremento del 200 por ciento que reflejaba una aceleración preocupante de la enfermedad en la región.

Gisela Sulca Jayo, quien coordina la vigilancia de enfermedades transmitidas por vectores en la Dirección Regional de Salud de Ayacucho, explicó que la mayoría de los casos se concentraban en la Red de Salud San Francisco. Los distritos del VRAEM —la región del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro— mostraban particular vulnerabilidad. Sin embargo, había un matiz esperanzador en los datos: durante las dos últimas semanas anteriores al corte del 8 de agosto, la velocidad de nuevos contagios había comenzado a desacelerarse.

Las autoridades sanitarias no habían permanecido inactivas. El sector Salud mantenía en marcha un conjunto de acciones preventivas dirigidas especialmente a los distritos más afectados. Equipos de salud recorrían las comunidades buscando y eliminando potenciales criaderos del mosquito transmisor. Paralelamente, desarrollaban campañas educativas para que las familias comprendieran cómo reducir los espacios donde el vector podía reproducirse. El personal sanitario recibía asistencia técnica para mejorar sus capacidades de detección y respuesta.

Sulca Jayo fue clara sobre un punto fundamental: la prevención no era responsabilidad exclusiva del Estado. Requería que las familias, las comunidades, los establecimientos de salud y las municipalidades trabajaran en conjunto. Sin esa participación coordinada, los esfuerzos institucionales tenían alcance limitado.

Pero la verdadera prueba estaba por venir. Las autoridades mantenían la vigilancia con especial atención al calendario climático. La temporada de lluvias llegaría en la segunda semana de septiembre y se extendería hasta abril. Esos meses de humedad y precipitación creaban las condiciones ideales para que el mosquito Aedes aegypti, responsable de transmitir el dengue, proliferara sin control. La disminución reciente en nuevos casos podía ser apenas una pausa antes de que la enfermedad volviera a acelerarse con la llegada del agua.

La prevención requiere la participación de familias, comunidades, establecimientos de salud y municipalidades
— Gisela Sulca Jayo, responsable de Vigilancia de Metaxénica y Zoonosis de la Diresa Ayacucho
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