Nadie sabe lo que hay ni cuánto ni cómo se comporta
España lleva seis años apostando por el autoconsumo solar como columna de su transición energética, pero ha construido esa apuesta sobre un vacío de información: nadie sabe con certeza cuánta potencia hay instalada, dónde, ni cómo se comportarán sus propietarios en cada momento. El apagón del 28 de abril reveló que esa ignorancia no es un detalle técnico menor, sino una vulnerabilidad sistémica capaz de desencadenar nuevas cascadas de desconexión. La humanidad lleva siglos aprendiendo que los grandes cambios sin cartografía adecuada generan sus propios riesgos, y la transición energética española no escapa a esa lección.
- Red Eléctrica detectó variaciones rápidas de tensión tras el apagón de abril, y los reguladores advierten que podrían desencadenar nuevas desconexiones en cascada si el problema no se ataja.
- Ni el Ministerio, ni el sector renovable, ni el operador de red coinciden en cuántos megavatios de autoconsumo existen en España, lo que obliga a gestionar la red con estimaciones que ya han demostrado ser insuficientes.
- Los propietarios de paneles desconectan sus instalaciones cuando la electricidad es barata y se convierten en consumidores convencionales sin previo aviso, haciendo que las previsiones de demanda de Red Eléctrica se desmoronen en tiempo real.
- La energía ahora fluye en ambas direcciones en redes diseñadas para un solo sentido, y las baterías domésticas inyectan electricidad en momentos inesperados, multiplicando la imprevisibilidad del sistema.
- El Gobierno prepara dos leyes para obligar la cesión de datos a Red Eléctrica, pero España ya planea duplicar la potencia instalada para 2030, expandiendo un sistema cuya magnitud sigue siendo una incógnita.
Seis años después de que España abrazara el autoconsumo solar, el país enfrenta una paradoja incómoda: ha construido miles de megavatios de generación distribuida sin saber exactamente cuántos son, dónde están ni cómo se comportarán. El apagón del 28 de abril convirtió esa brecha de información en una alarma urgente, cuando Red Eléctrica comenzó a registrar variaciones de tensión que los reguladores advierten podrían provocar nuevas desconexiones en cascada.
Las cifras de potencia instalada ilustran el problema: el Ministerio calcula 8.256 megavatios, la Unión Española Fotovoltaica habla de 8.137 y APPA Renovables eleva la cifra a más de 8.300. Esas discrepancias no son académicas. Red Eléctrica necesita saber dónde está cada instalación, qué tipo es y cómo se comportará a cada hora del día. Sin esos datos, opera con estimaciones internas que ya han resultado insuficientes.
El comportamiento de los propietarios añade otra capa de incertidumbre. Cuando la electricidad de la red es gratuita o muy barata, muchos desconectan sus paneles y pasan a consumir de la red sin previo aviso, deshaciendo las previsiones de demanda del operador. Al mismo tiempo, quienes instalan baterías inyectan energía en momentos inesperados, invirtiendo el flujo histórico de la electricidad. Javier Lázaro, de APPA Renovables, describe ciudades donde la energía ya circula de baja a media tensión, un patrón para el que el sistema no fue diseñado.
La Comisión Nacional para los Mercados y la Competencia identificó que dos de los seis problemas detectados tras el apagón de abril estaban directamente vinculados al autoconsumo. El registro estatal creado en 2019 para recopilar estos datos nunca proporcionó la transparencia necesaria, y un decreto de emergencia que habría dado a Red Eléctrica acceso directo a la información fue rechazado por el Congreso en 2024.
Ahora el Gobierno prepara dos nuevas leyes para obligar la cesión de datos, medida que el sector renovable considera imprescindible. La ironía es que España planea duplicar la potencia instalada hasta 19.000 megavatios en 2030, expandiendo un sistema cuya magnitud y comportamiento siguen siendo, en gran medida, una sombra.
Seis años después de que España abrazara el autoconsumo como pilar de su transición energética, el país se encuentra en una situación incómoda: nadie sabe realmente cuánta energía solar está instalada en los tejados, dónde está, ni cómo se comportará de un momento a otro. Esta brecha de información se convirtió en una preocupación urgente después del apagón del 28 de abril, cuando Red Eléctrica comenzó a registrar variaciones rápidas de tensión en la red que los reguladores advierten podrían desencadenar nuevas desconexiones en cascada.
La cifra de potencia instalada de autoconsumo es un ejemplo perfecto del problema. El Ministerio para la Transición Ecológica calcula que a finales de 2024 había 8.256 megavatios. La Unión Española Fotovoltaica sostiene que la cifra era de 8.137 megavatios, con una caída del 31 por ciento en nuevas instalaciones respecto a 2023. APPA Renovables, la mayor asociación del sector, la eleva a más de 8.300 megavatios. Estas discrepancias no son meras cuestiones académicas. Red Eléctrica necesita saber exactamente dónde está instalado cada panel, qué tipo de instalación es—residencial, comercial o industrial—y cómo se comportará en cada momento del día. Sin esa información, el operador de la red trabaja con estimaciones internas que resultan insuficientes.
El comportamiento de los propietarios de estas instalaciones añade otra capa de complejidad. Cuando la electricidad de la red es gratuita o muy barata, muchos desconectan sus paneles solares y se convierten en consumidores convencionales, alimentándose de la red en lugar de su propia generación. Red Eléctrica había contabilizado a estos consumidores como una reducción de demanda, pero esa previsión se desmorona cuando cambian de comportamiento sin aviso. Simultáneamente, las instalaciones con excedentes están comenzando a instalar baterías, inyectando energía hacia la red en momentos inesperados. El flujo de electricidad, que históricamente viajaba desde centros de transformación hacia los consumidores finales, ahora fluye en ambas direcciones desde puntos de baja potencia. Javier Lázaro, director técnico de APPA Renovables, describe ciudades donde la energía se inyecta de baja a media tensión en lugar de media a baja, un patrón que el sistema no estaba diseñado para gestionar.
La Comisión Nacional para los Mercados y la Competencia documentó que estas variaciones de tensión, aunque aún dentro de rangos normales, podrían ser precursoras de una cascada de desconexiones que desestabilice el sistema eléctrico. De seis problemas identificados tras el apagón de abril, dos estaban directamente vinculados al autoconsumo. El regulador señaló que Red Eléctrica carece de visibilidad sobre estas instalaciones de pequeña potencia conectadas en baja tensión, lo que le impide anticipar su comportamiento. Cuando hay abundante recurso solar, la demanda neta en transporte disminuye drásticamente, descargando las redes de transporte y llevando al sistema a un punto de funcionamiento donde pequeñas variaciones de potencia tienen un impacto desproporcionado en la tensión de la red.
Esta situación es el resultado de una falta de planificación regulatoria. En 2019, el decreto que sentó las bases para el despegue del autoconsumo incluyó la creación de un registro estatal simplificado, donde las comunidades autónomas recopilarían datos y los trasladarían al Ministerio. Seis años después, el sector reconoce que este registro no ha proporcionado la transparencia necesaria. Un decreto ley de emergencia aprobado brevemente en 2024 habría permitido a Red Eléctrica gestionar directamente los datos de los clientes finales, pero fue rechazado por el Congreso. Ahora el Gobierno prepara dos nuevas leyes que obligarían la cesión de datos a Red Eléctrica, una medida que el sector renovable considera esencial.
La ironía es que España planea duplicar la potencia de autoconsumo instalada para 2030, llegando a 19.000 megavatios, más del doble de la actual. Sin embargo, el país seguirá expandiendo un sistema cuya magnitud y comportamiento permanecen en la sombra. El sector renovable insiste en que el autoconsumo no es un problema en sí—otros países con alta penetración solar lo han gestionado exitosamente—sino que el problema es la falta de datos fiables y transparencia. Mientras se espera que el Gobierno actúe, Red Eléctrica continúa operando con estimaciones internas, y la red eléctrica española sigue siendo vulnerable a perturbaciones que nadie puede predecir completamente.
Notable Quotes
Venimos alertando desde hace mucho tiempo sobre el comportamiento del propietario de instalaciones de autoconsumo— Javier Lázaro, director técnico de APPA Renovables
Para que Red Eléctrica pueda hacer toda su previsión y no tener ningún problema, tiene que saber dónde y cuándo hay instalado. Hay estimaciones, pero no datos fiables— Javier Lázaro, APPA Renovables
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué es tan difícil simplemente contar cuántos paneles solares hay instalados en España?
Porque el autoconsumo creció de forma descentralizada y sin supervisión centralizada. Cada comunidad autónoma tenía su propio registro, y nadie obligó a que esos datos fluyeran hacia un lugar donde pudieran consolidarse y verificarse.
Pero si el Ministerio tiene una cifra, ¿no debería ser confiable?
El Ministerio tiene estimaciones, no datos verificados. Es como contar cuántos árboles hay en un bosque basándose en muestreos. Funciona para tendencias generales, pero no para saber dónde está cada árbol.
¿Qué cambia si alguien desconecta su panel solar cuando la electricidad es barata?
Red Eléctrica había planeado su operación asumiendo que ese consumidor no necesitaría energía de la red. Si de repente la necesita, la demanda sube sin aviso. Multiplicado por miles de propietarios haciendo lo mismo, creas picos impredecibles.
¿Es el autoconsumo realmente el culpable del apagón de abril?
No directamente. Pero fue uno de los factores que creó variaciones de tensión que el sistema no pudo absorber. Es como tener un pasajero en un avión cuyo peso nadie conoce—no causa el accidente, pero afecta cómo el piloto calcula el equilibrio.
¿Por qué el Gobierno no simplemente obliga a compartir los datos ahora?
Lo está intentando. Dos leyes están en preparación. Pero tardó seis años desde el primer decreto de autoconsumo para que alguien dijera que esto era urgente. La velocidad de la regulación no siempre coincide con la velocidad de la tecnología.
¿Otros países tienen este problema?
No, porque supervisaron el autoconsumo desde el principio. España apostó por dejar que creciera libremente, asumiendo que los datos llegarían después. Ahora está tratando de recuperar esa información mientras el sistema ya está bajo presión.