Bajo una montaña austriaca, el tiempo se ha detenido en sal. Arqueólogos del Museo de Historia Natural de Viena han trazado 305 metros de galerías neolíticas en Hallstatt que documentan 7.300 años de trabajo humano ininterrumpido, desde los primeros picos de piedra hasta una producción industrial de tonelada y media diaria en la Edad del Bronce. Lo que la sal conservó —ropa, herramientas, alimentos, incluso residuos humanos— nos recuerda que detrás de cada civilización hay cuerpos que se doblan en la oscuridad, generación tras generación, sosteniendo el mundo que habitan.