Bajo los pies de quienes habitan Australia, el planeta escribe en silencio una de sus historias más antiguas: la de los continentes en perpetuo movimiento. La placa australiana avanza hacia el norte a siete centímetros por año —casi el doble que el crecimiento de una uña humana—, lo que la convierte en la más veloz del mundo y obliga a reescribir no solo los mapas oficiales, sino también la comprensión humana del tiempo geológico. Este desplazamiento, que ya ha generado un desfase de casi dos metros en los sistemas cartográficos y desencadena volcanes y terremotos al rozar con Asia, apunta hac