A miles de millones de años luz de la Tierra, un agujero negro supermasivo llamado RBH-1 surca el espacio intergaláctico a casi 1.000 kilómetros por segundo, dejando tras de sí una estela de luz y estrellas recién nacidas. Un equipo de la Universidad de California en Santa Bárbara ha reconstruido, por primera vez de manera observacional, el cataclismo que lo puso en movimiento: la fusión de dos agujeros negros hace 7.500 millones de años, cuyos espines desalineados generaron un retroceso gravitacional capaz de expulsar a RBH-1 de su propia galaxia. Este hallazgo no solo confirma una predicción