Desde la tribuna más visible de la diplomacia mundial, Pedro Sánchez convirtió la Asamblea General de la ONU en un espejo incómodo para quienes gobiernan desde el egoísmo y la fuerza. Sin nombrar siempre a sus destinatarios, el presidente español trazó una línea moral entre quienes sostienen el orden internacional y quienes lo erosionan, invocando a las generaciones futuras como jueces últimos de esta década. Su discurso fue, a la vez, balance de ocho años de política exterior española y advertencia sobre el coste de mirar hacia otro lado cuando se quiebran las reglas.
Asamblea General de la ONU, en directo hoy
Sánchez ha aludido a niños hambrientos, hospitales reducidos a escombros y masacres de civiles inocentes en su crítica a líderes mundiales.