Artemis II: 11 días en 9 metros cuadrados sin ducha, comiendo latas y con Coldplay

Nueve metros cúbicos, comida deshidratada, sin duchas. Una acampada épica.
La cápsula Orion ofrece el espacio equivalente a una furgoneta de mudanzas para once días de viaje.
Mark

¿Por qué once días exactamente? ¿No podrían hacerlo más rápido?

Mimi

El tiempo no es lo que importa aquí. Es un ensayo. Necesitan probar cada sistema, cada procedimiento, antes de que alguien realmente aterrice. Cada hora cuenta porque cada hora es una oportunidad para que algo falle de forma controlada.

Mark

Nueve metros cúbicos. Eso es... muy poco. ¿Cómo se mantiene la cordura?

Mimi

Está todo pensado. El trabajo, el ejercicio, la música. La mente necesita estructura. Y saben que es temporal. Once días no es para siempre.

Mark

¿Y si algo sale mal en el quinto día, cuando están más lejos?

Mimi

Por eso es un ensayo. Están lo suficientemente lejos para aprender, pero lo suficientemente cerca para volver si es necesario. Es el equilibrio perfecto entre riesgo y seguridad.

Mark

¿Qué significa que Victor Glover sea el primer astronauta negro en una misión lunar?

Mimi

Significa que durante cincuenta años, nadie que se pareciera a él llegó hasta allá. Ahora sí. Eso es historia.

Mark

¿Y la música? ¿Doscientas canciones sobre la Luna?

Mimi

Es un recordatorio. Cuando estés flotando en nueve metros cúbicos, a veces necesitas que algo te devuelva a casa. O que te recuerde dónde estás.

  • Cada segundo tras el despegue es una apuesta: cualquier fallo mínimo en velocidad o trayectoria podría ser fatal para los cuatro tripulantes.
  • La nave orbita la Tierra durante veinticuatro horas críticas para poner a prueba todos sus sistemas antes de que sea demasiado tarde para dar marcha atrás.
  • Cuatro personas comparten nueve metros cúbicos durante once días sin duchas, sin fruta fresca y con el sueño programado al minuto, convirtiendo la épica espacial en una acampada de alta precisión.
  • El quinto día marcará el punto más lejano al que haya viajado una tripulación humana en toda la historia, sobrevolando la cara oculta de la Luna durante tres horas de silencio absoluto.
  • Aunque no habrá aterrizaje, las imágenes y datos que regrese Orion trazarán el mapa real del camino de vuelta a la superficie lunar.

Medio siglo después de que el ser humano pisara por última vez la Luna, cuatro astronautas han partido a bordo de la cápsula Orion en una misión de once días que no busca aterrizar, sino recordar cómo llegar. Entre ellos viajan tres hitos históricos —el primer astronauta negro, la primera mujer y el primer no estadounidense en una misión lunar— como señal de que este regreso no pertenece a una sola nación ni a una sola historia. Artemis II no es una llegada: es el ensayo de una promesa.

Mientras media España esperaba que escampara en Semana Santa, la NASA decidió volver a la Luna. Medio siglo después de la última vez. Artemis II despegó el miércoles en una misión de once días que no pisará el suelo lunar, pero que abre el camino para regresar de verdad. El nombre viene de la mitología griega: Artemisa, hermana gemela de Apolo y diosa de la Luna.

A bordo viajan cuatro astronautas y tres hitos históricos. Reid Wiseman comanda la nave. Victor Glover será el primer astronauta negro en una misión lunar. Christina Koch, la primera mujer que viaje hasta la Luna. Y el canadiense Jeremy Hansen, el primer no estadounidense en sumarse a este viaje. Nada más salir de la Tierra, la cápsula Orion orbita el planeta durante veinticuatro horas de ensayo: si algo falla, aún están a tiempo de volver. Si no, encenderán motores de madrugada y se marcharán hacia lo desconocido.

El viaje se parece más a una acampada que a una película. Una acampada de nueve metros cúbicos —el equivalente a una furgoneta de mudanzas— donde se trabaja, se come, se duerme y se espera. El sueño está programado en sacos tipo hamaca. El ejercicio se hace en una máquina llamada flywheel. La comida son sobres deshidratados: brócoli gratinado, ensalada de mango, tortillas. No hay duchas, solo toallitas húmedas y champú seco. Entre los detalles más llamativos figura el nuevo baño, un auténtico lujo comparado con las misiones Apolo de hace cincuenta años, aunque durante las primeras horas generó una pequeña alerta técnica que fue resuelta sin consecuencias.

En la nave también viaja una lista de doscientas canciones —The Beatles, Coldplay, Adele— con una sola condición: que hablen de la Luna o del espacio. El momento decisivo llegará el quinto día, cuando la tripulación deje de orbitar y se adentre en lo desconocido. Durante tres horas, Orion sobrevolará la cara oculta de la Luna y alcanzará la mayor distancia recorrida por humanos en la historia. No van a aterrizar. Pero sí van a mirar. Y las imágenes que envíen de ese lugar profundamente ajeno prepararán el camino para quienes, en una misión futura, sí pongan el pie en la superficie.

Mientras media España espera a que escampe en Semana Santa, la NASA ha decidido volver a la Luna. Medio siglo después de la última vez. El miércoles despegó Artemis II, una misión que no pisará el suelo lunar pero que abre el camino para regresar de verdad. El nombre viene de la mitología griega: Artemisa es la hermana gemela de Apolo y la diosa de la Luna.

A bordo viajan cuatro nombres y tres hitos históricos. Reid Wiseman comanda la nave. Victor Glover, piloto, será el primer astronauta negro en una misión lunar. Christina Koch, ingeniera, será la primera mujer que viaje hasta la Luna. Y Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense, será el primer no estadounidense en sumarse a este viaje. El recorrido durará once días. Nada más salir de la Tierra, todo es vulnerable: la velocidad, la trayectoria, cualquier fallo mínimo puede ser fatal. Superado ese momento crítico, la cápsula Orion orbita ahora nuestro planeta en lo que es un ensayo de seguridad de veinticuatro horas. Los sistemas se ponen a prueba. Si algo falla, todavía están a tiempo de volver. Si no, encenderán motores de madrugada en España y se marcharán hacia lo desconocido.

Aunque suene épico, el viaje se parece más a una acampada que a una película. Una acampada de nueve metros cúbicos. Ese es todo el espacio habitable dentro de Orion: el equivalente a una furgoneta de mudanzas. Ahí dentro ocurre todo. Se trabaja, se come, se duerme y se espera. La jornada está milimetrada: dividida entre trabajo, ejercicio, descanso y experimentos. Incluso el sueño está programado, con entre ocho y ocho horas y media diarias, en sacos tipo hamaca sujetos para evitar flotar por la cabina. Todo se puede seguir en directo por el canal de YouTube de la NASA.

La ingravidez complica algo tan básico como hacer ejercicio. Para combatirlo, utilizan la flywheel, una máquina diseñada para realizar sentadillas, remo o peso muerto, con la que se entrenan unos treinta minutos al día. Comer en el espacio sigue sin parecerse a comer. No hay neveras ni fruta fresca. Hay sobres. Comida deshidratada que vuelve a la vida con agua: brócoli gratinado, ensalada de mango, tortillas. Los cubiertos van pegados con imanes para que no floten. La higiene también es particular. No hay duchas, así que recurren a toallitas húmedas y champú seco. Entre los detalles más llamativos está el nuevo baño, un pequeño habitáculo con retrete, un auténtico lujo si se compara con las misiones del programa Apolo hace cincuenta años. De hecho, durante las primeras horas surgió una pequeña alerta técnica relacionada con este sistema, aunque fue solucionada sin mayores consecuencias.

En esta misión también viaja la música. Una lista de doscientas canciones en iTunes donde suenan The Beatles, Coldplay o Adele. Todas con una condición: que hablen de la Luna o del espacio. Como si hiciera falta recordarlo. El momento clave llegará en el quinto día. Entonces dejarán de orbitar y se adentrarán en lo desconocido. Durante tres horas, la nave sobrevolará la cara oculta de la Luna y alcanzará la mayor distancia recorrida por humanos en la historia. Será el punto más lejano al que haya viajado una tripulación en toda la historia. No van a aterrizar. Pero sí van a mirar. Y van a enviar imágenes de un lugar que, aunque lo hayamos visto mil veces en fotografías, sigue siendo profundamente ajeno.

Aunque suene épico, se parece más a una acampada que a una película
— Descripción de la misión Artemis II
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