En la frontera norte, Ciudad Juárez se detiene ante la amenaza de un cielo que no pide permiso. Lo que comenzó como una tarde cargada de humedad y calor pegajoso se convierte en una jornada de tormentas variables, con probabilidades que escalan hasta el 85% y temperaturas que no ceden los 35 grados. La ciudad árida, poco acostumbrada a la lluvia persistente, recuerda que la naturaleza impone sus propios ritmos, y que la precaución es la única respuesta sensata ante lo que no se puede controlar.