Bajo las colinas de Ramat Rachel, al norte de Jerusalén, obreros y arqueólogos abrieron la tierra para construir viviendas y encontraron, en cambio, una pregunta tallada en roca: un túnel de 50 metros cuyo propósito ninguna generación ha podido explicar. La estructura —con sus paredes cortadas con precisión, su escalera descendente y sus capas de siglos acumulados— habla de una intención humana que el tiempo ha borrado casi por completo. Así, la ciudad que ha sido escenario de tantas historias añade una más a su subsuelo: no una respuesta, sino un misterio que vivirá bajo los pies de quienes p