Cuando una canción creada para el amor se convierte en vehículo de exclusión, algo esencial sobre la cultura y el poder queda al descubierto. Ariana Grande exigió públicamente al equipo de Donald Trump que dejara de usar su música tras un vídeo en TikTok que empleaba su canción para ridiculizar los derechos de las mujeres trans, en lo que representa el segundo enfrentamiento entre la artista y la Administración republicana. El incidente no es solo una disputa de derechos de autor: es el síntoma de una batalla más profunda sobre quién tiene el derecho de dar forma a la narrativa cultural de una
Ariana Grande vuelve a enfrentarse a Trump por usar su música en contenido tránsfobo
Tu verdad es falsa
¿Por qué crees que Trump sigue usando canciones de artistas que claramente se oponen a sus políticas?
Porque la música popular amplifica. Un vídeo con una canción conocida llega a millones de personas. Es una estrategia de alcance, no de consentimiento.
Pero ¿no sabe que los artistas van a responder?
Probablemente sí. Y tal vez eso también es parte del cálculo. Cada respuesta genera más conversación, más visibilidad. El conflicto es el contenido.
Grande acaba de lanzar una fundación para proteger derechos trans. ¿Eso hace que esto sea más personal para ella?
Absolutamente. No es solo que alguien use tu música sin permiso. Es que la usan para decir exactamente lo opuesto a lo que tu fundación intenta proteger. Es una violación en dos niveles.
¿Crees que otros artistas van a seguir el ejemplo de Grande?
Ya lo están haciendo. Katy Perry escribió un comunicado largo. Bad Bunny tuvo su música eliminada. Pero la diferencia es que Grande fue más directa, más pública. Eso importa.
El Pulso
- El equipo de Trump usó 'We Can't Be Friends' en un vídeo de TikTok que se burlaba de los derechos de las mujeres trans, apropiándose de una canción sin permiso para amplificar un mensaje de exclusión.
- Grande respondió de forma directa e inmediata en los propios comentarios del vídeo: 'Nunca vuelvas a utilizar mi música. Y, por cierto, tu verdad es falsa'.
- Republic Records actuó con rapidez para retirar el audio, pero la división ya estaba trazada: los comentarios se partieron entre quienes defendían a la cantante y quienes respaldaban al presidente.
- Este choque no es aislado: Katy Perry y Bad Bunny han sufrido usos similares, revelando una estrategia sistemática del equipo presidencial de apropiarse de la cultura popular para sus mensajes políticos.
- El momento es especialmente cargado porque Grande había lanzado apenas dos meses antes su fundación Bright Days Ahead, dedicada precisamente a proteger los derechos trans y LGBTIQ+, convirtiendo el uso no autorizado en una contradicción pública y directa.
Cuando una canción creada para el amor se convierte en vehículo de exclusión, algo esencial sobre la cultura y el poder queda al descubierto. Ariana Grande exigió públicamente al equipo de Donald Trump que dejara de usar su música tras un vídeo en TikTok que empleaba su canción para ridiculizar los derechos de las mujeres trans, en lo que representa el segundo enfrentamiento entre la artista y la Administración republicana. El incidente no es solo una disputa de derechos de autor: es el síntoma de una batalla más profunda sobre quién tiene el derecho de dar forma a la narrativa cultural de una nación y a qué causas se presta, voluntaria o involuntariamente, la voz de un artista.
A finales de agosto, Ariana Grande se dirigió públicamente a Donald Trump con un mensaje sin rodeos: deja de usar mi música. El motivo era un vídeo publicado en TikTok por la cuenta Team Trump que había tomado su canción 'We Can't Be Friends' y la había insertado en contenido que se burlaba de los derechos de las mujeres trans. El equipo presidencial había participado en una tendencia viral, extrayendo el verso sobre 'mi verdad' para soltar una opinión: "Los hombres no pueden tener bebés y no deberían competir jamás en deporte femenino".
Grande respondió en los comentarios del propio vídeo con una claridad que no dejaba margen: "Nunca vuelvas a utilizar mi música. Y, por cierto, tu verdad es falsa". Su sello discográfico, Republic Records, actuó de inmediato para retirar el audio. Los comentarios se dividieron entre quienes aplaudían a la cantante y quienes respaldaban al presidente.
No era la primera vez. Dos meses antes, la cuenta de TikTok de la Casa Blanca había usado su canción 'Bye' en un vídeo sobre detenciones del ICE, y Grande había respondido con igual contundencia, calificando las políticas de "barbaridad inhumana". El mismo patrón se repitió con Katy Perry, cuya 'Firework' fue usada como banda sonora de ataques militares contra Irán, y con Bad Bunny, cuya 'La mudanza' acompañó vídeos de deportaciones. Ambos audios fueron retirados posteriormente.
El momento del enfrentamiento tiene un peso particular: apenas dos meses antes de que su música fuera usada en el vídeo transfóbico, Grande había lanzado la fundación Bright Days Ahead, creada específicamente para proteger los derechos de personas trans y de la comunidad LGBTIQ+, con acceso a salud mental y líneas de crisis. Lo que comenzó como un vídeo viral se convirtió así en algo más: una contradicción directa entre la posición pública de la artista y la de quienes gobiernan el país, y una pregunta abierta sobre quién tiene el derecho de apropiarse de la cultura para dar forma a la narrativa de una nación.
A finales de agosto, Ariana Grande se dirigió públicamente al presidente Donald Trump con un mensaje directo: deja de usar mi música. La razón era un vídeo publicado en TikTok por la cuenta Team Trump que había tomado su canción We Can't Be Friends (Wait for Your Love) y la había insertado en contenido que se burlaba de los derechos de las mujeres trans. El equipo presidencial había participado en una tendencia viral donde usuarios juegan con la letra de la canción, extrayendo el verso "Yo y mi verdad nos sentamos en silencio" para después soltar una opinión personal. En este caso, la opinión fue: "Los hombres no pueden tener bebés y no deberían competir jamás en deporte femenino. ¡Esto no debería ser controvertido!".
Grande respondió sin ambigüedades en los comentarios del vídeo: "Nunca vuelvas a utilizar mi música. Y, por cierto, tu verdad es falsa". Su sello discográfico, Republic Records, se movió rápidamente para eliminar la canción del vídeo, y poco después la música desapareció. Los comentarios bajo la publicación se dividieron: cientos de usuarios defendieron a la cantante por denunciar el contenido transfóbico, mientras que otros respaldaban al presidente republicano.
Este no fue el primer choque entre Grande y la Administración Trump. Hace apenas dos meses, la cuenta de TikTok de la Casa Blanca había utilizado su canción Bye en un vídeo que mostraba detenciones realizadas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos. Grande respondió entonces con dureza: "Por favor, no utilicen nunca mi música en relación con esta barbaridad inhumana, atroz y absurda".
La estrategia del equipo de Trump parece ser clara: usar canciones populares para amplificar el alcance de sus vídeos. El mismo mes en que utilizaron la música de Grande, la Casa Blanca empleó Firework de Katy Perry como banda sonora de un vídeo mostrando ataques militares contra Irán, con misiles explotando al ritmo de "boom, boom, boom". Perry respondió en X con una declaración que explicaba que había escrito la canción como un himno de esperanza y sanación, no como acompañamiento para la violencia. "Mi música busca unir a las personas, no glorificar la guerra", escribió. También utilizaron La mudanza de Bad Bunny en un vídeo de deportaciones del ICE, aunque el artista puertorriqueño no hizo comentarios públicos al respecto. El audio fue eliminado posteriormente.
El timing del enfrentamiento entre Grande y Trump es significativo. Apenas dos meses antes de que su música fuera utilizada en el vídeo transfóbico, la cantante había lanzado la fundación Bright Days Ahead el 12 de junio. La organización fue creada específicamente para proteger los derechos de las personas trans y de la comunidad LGBTIQ+ en general, ofreciendo acceso a servicios de salud mental y líneas de crisis.
Mientras tanto, la Administración Trump ha dejado clara su posición sobre cuestiones de identidad de género a través de múltiples acciones. Ha promovido órdenes ejecutivas que restringen la definición legal de sexo exclusivamente a lo que fue registrado al nacer como hombre o mujer inmutable. Ha eliminado el reconocimiento federal de la identidad de género, ha promovido la prohibición de terapias hormonales y cirugías de afirmación de género para menores de edad, ha prohibido la participación de personas transgénero en el ejército, y ahora busca prohibir que las mujeres transgénero compitan en categorías deportivas femeninas.
Lo que comenzó como un vídeo viral se convirtió en un punto de fricción más amplio sobre quién controla la narrativa cultural en Estados Unidos y qué sucede cuando los artistas descubren que sus obras están siendo utilizadas para promover mensajes que contradicen sus valores. Para Grande, cuya fundación acababa de comprometerse públicamente con la protección de derechos trans, la situación representaba algo más que un simple uso no autorizado de música: era una contradicción directa entre su posición pública y la de quienes gobiernan el país.
Citas Notables
Nunca vuelvas a utilizar mi música. Y, por cierto, tu verdad es falsa— Ariana Grande, en respuesta al vídeo de TikTok de Team Trump
Mi música busca unir a las personas, no glorificar la guerra— Katy Perry, sobre el uso de Firework en un vídeo de ataques militares