En un mercado donde la abundancia de liquidez podía convertirse en trampa, el Tesoro argentino eligió la mesura: renovó sus vencimientos de septiembre con un rollover del 103,46%, rechazando casi la mitad de la demanda que los inversores pusieron sobre la mesa. La decisión no fue pasividad, sino arquitectura deliberada —canalizar la presión cambiaria hacia instrumentos dólar linked y evitar que el exceso de pesos tensara el sistema financiero. Argentina avanza así por un filo delgado entre la credibilidad fiscal y la fragilidad estructural que aún aguarda su examen real.